entrevista
Domingo 26 de junio de 2011
Dolores Martín comenzó a trabajar en la Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) desde su creación, en 1989, y desde entonces su vida ha sido un viaje constante por las zonas más desfavorecidas del planeta. Nicaragua, Bolivia, Costa Rica, Perú y Guinea Ecuatorial son países en los que ha vivido y trabajado durante más de 16 años. En el año 2004 volvió a Madrid a la sede central de la Agencia y, desde entonces, es la responsable de cooperación con América del Sur.
- La Agencia Agencia Española de Cooperación Internacional (AECID) cumplió 22 años el pasado mes de noviembre. ¿Qué evolución ha habido en la cooperación española durante este tiempo?
El cambio desde su creación hasta hoy ha sido radical. Lo primero que debemos tener en cuenta es que hasta 1992 España era receptor de ayuda al desarrollo. Ahora, en 2011, somos el octavo donante del mundo no sólo en América Latina, sino en el conjunto de países más pobres y prácticamente, el principal donante del sistema de Naciones Unidas, por lo que el salto cualitativo ha sido enorme.
Hay que decir que la sociedad española es muy solidaria hacia los problemas de otros países y lo demuestra siempre. Somos el primer país que reacciona ante las catástrofes y esta solidaridad a la hora de apoyar a países del tercer mundo nos ha convertido en un referente en toda la comunidad internacional.
En segundo lugar, partíamos de poca experiencia. Se trabajaba con cierto voluntarismo y con un sesgo muy asistencial. Actualmente, la asistencia se ha tecnificado y se han profesionalizado los recursos humanos, lo que hace la ayuda mucho más eficaz.
Pero lo más importante es que ha habido un profundo cambio de mentalidad en la Agencia. Partíamos de que España tenía una amplia oferta de cooperación pero no profundizábamos en el diálogo con los países que recibían esta ayuda, de forma que, en muchos casos, las acciones o proyectos eran algo impuestos.
Esto ha cambiado radicalmente. Se han suscrito una serie compromisos entre los países que forman parte de la OCDE y del Comité de ayuda al desarrollo que tienen que ver con el respeto a que los modelos de desarrollo sean los que el país receptor de ayuda quiere y no los que quieren los donantes. En definitiva, hoy apoyamos las políticas públicas de los gobiernos con los que trabajamos en vez de tratar de sustituir la labor de estos en sus obligaciones de prestar servicios públicos a su población.
- ¿Podría profundizar algo más en ese “cambio de mentalidad” del que habla?
Básicamente, se ha pasado de creer que el liderazgo de la lucha contra la pobreza en el mundo lo tenían los países desarrollados a pensar que eso no es eficaz, que todos los países tienen derecho a liderar su propio desarrollo y que nosotros lo que podemos hacer es orientarles y acompañarles con recursos técnicos y económicos.
Esto que parece tan sencillo y de sentido común se ha tardado 50 años en entenderlo. Primero vivimos la época los grandes desembarcos de ayuda con políticas contraproducentes en muchos casos, como fueron las políticas de ayuda alimentaria, que han hundido muchos mercados internos de los países en desarrollo.
En 2005 se firmó la Declaración de París que obliga a los países firmantes a respetar una serie de reglas. Por ejemplo, la propiedad de todo lo que se haga tiene que ser de los agentes locales. Los donantes tenemos que armonizarnos entre nosotros (antes ibas a cualquier país y estábamos haciendo todos lo mismo, no nos lo contábamos y si nos lo contábamos, a medias). Y también es fundamental que haya un alineamiento con las políticas que diseñen los gobiernos destinatarios de ayuda.
Esto, por cierto, también afecta a las ONG´s que, a veces, desembarcan en los países sin ningún respeto o sin ningún dialogo con los socios locales. A día de hoy, la clave de la cooperación gubernamental y de la no gubernamental es sentarse a hablar, escuchar y negociar.
- No es lo mismo la cooperación con, por ejemplo, Brasil que con países que tengan un índice de desarrollo menor como Bolivia. En este sentido, ¿cómo organiza la Agencia la ayuda?
Países como Brasil, Argentina, México o Uruguay se han convertido en donantes emergentes con los que hemos hecho unos acuerdos de asociación que incluyen trabajar juntos con otros países de la región. Se trata de una cooperación más sofisticada, de ida y vuelta o de tercera generación como la llamamos nosotros. Con Brasil, por ejemplo, estamos trabajando juntos en Haití, en Centroamérica y en países que le interesan y que para nosotros son prioritarios, como es el caso de los países africanos lusófonos.
En estos casos, la cooperación se centra en temas más puntuales. Por poner un ejemplo, ahora en mi departamento estamos diseñando una estrategia hacia la población afrodescendiente de América Latina, que es casi el 20 por ciento. Esta población, junto a la población indígena, no siempre coincide en problemas pero sí tienen en común que son la más desfavorecida, más vulnerable y marginal del continente.
Desde la AECID estamos diseñando un programa con varias universidades españolas y de América Latina para identificar cuál es la problemática específica y cómo podemos ayudar a los gobiernos a establece políticas inclusivas para esa población.
¿Y con quién queremos trabajar para conseguirlo? Pues con Brasil, porque el 30 por ciento de su población es afrodescendiente, conoce bien la problemática y tiene una institucionalidad de equidad racial consolidada. Este es un ejemplo de cosas específicas que hacemos con Brasil, un país que está más desarrollado.
Con Bolivia, país de renta media baja, cultivamos un formato más tradicional de cooperación. Trabajamos más en educación, salud, políticas de género, medio ambiente…
- ¿A qué retos se enfrenta la cooperación internacional en América del Sur?
A ser eficaces, ese es el principal reto. Los recursos siempre van a ser escasos, por lo que hay que aprovecharlos bien. Ahora quizá con más razón, pues en un momento de crisis la población exige que los recursos que salen de sus impuestos sean bien utilizados y que lo que se haga sea eficaz.
En el caso de América del Sur y América Latina, la posición de la cooperación española tiene un reto, y es que Europa está abandonando la ayuda a estos países para irse a África porque los países más pobres del mundo están en la franja subsahariana.
Aún así, el índice Gini, que marca cuál es la diferencia entre los ricos más ricos y los pobres más pobres, es el peor en América latina. España tiene el reto de tratar de que los europeos no se vayan de allí porque aunque la región ha avanzado mucho, sigue siendo la más desigual del mundo y esta brecha no se ve que vaya a cambiar mucho a medio plazo.
- ¿Cuál es el papel de la mujer en el desarrollo de estos países?
Total. Las mujeres son las que sostienen la economía de los países más pobres, no sólo la familiar sino la comunitaria. En muchos casos, el hombre no trabaja mientras que la mujer es la que va a coger agua, cocina, cuida a los niños, va al mercado a vender, compra alimentos…
También participan más en la propuesta de soluciones. Era curioso ver en África, en las asambleas comunitarias, cómo las mujeres presentaban soluciones completamente diferentes a las de los hombres y estas eran más integradoras y eficaces para el conjunto de su comunidad.
Pero por eso también las mujeres están sobrecargadas de responsabilidades, por lo que es preciso incorporar una perspectiva de género en las políticas de cooperación para trabajar por la igualdad.
Muchos países en desarrollo quieren copiar el modelo de España y todo lo que España ha vivido en los últimos quince años en cuanto a cambio de normativa y creación de instituciones en favor equidad de género lo estamos traspasando allí.
- La Agencia se marcó como objetivo llegar en 2012 a destinar el 0,7 por ciento del Producto Interior Bruto (PIB) a la ayuda oficial al desarrollo. Sin embargo los recortes a la ayuda internacional se han sucedido en los pasados años. ¿Llegaremos al 0,7 por ciento?
Es lógico que se recorte, toda la administración ha tenido que reducir sus gastos, pero en el caso de la Agencia es el organismo que menos recorte ha sufrido. La partida que va dirigida a subvenciones a ONG´s no se va a tocar. Sí se disminuirá la partida que va a programas a través de organismos multilaterales y algo se reducirá la bilateral pero muy poco.
Llevábamos un buen camino en la consecución de ese objetivo, hemos llegado al 0,5 triplicando la ayuda entre el año 2004 y 2007 pero ahora las circunstancias van a impedir que logremos alcanzar el 0,7 en 2012. Hay que tener en cuenta que cada microdécima son cientos de millones de euros y ahora toca apretarse el cinturón.
Sin embargo, hay una cosa curiosa y es que la política de cooperación es una política de bastante consenso entre todos partidos políticos. En los debates parlamentarios, acostumbrados en este país a que se tiren los trastos a la cabeza, los temas de cooperación al desarrollo suelen ser “de guante blanco”. Cualquier partido entiende que este tema obedece a un sentimiento de solidaridad de la sociedad española y que realmente es una política que nos ha identificado en el mundo como un país donante serio. No creo que ningún partido vaya a meter más tijera de la estrictamente necesaria.
- La crisis, entonces, ¿ha afectado a la cooperación?
La crisis no ha tenido un efecto tan catastrófico. La cooperación en realidad no depende tanto de los recursos como de utilizarlos bien. A veces, al tener dinero estás tan agobiado por ejecutarlo a final de año que te impide medir bien los resultados, por lo que creo que puede ser bueno que en estos momentos nos centremos más en mecanismos de ajuste, de control del gasto, de evaluación del impacto de las políticas de desarrollo…
- Y los Objetivos del Milenio para 2015, ¿se alcanzarán?
No. Se alcanzarán en algunos países pero ninguno de los objetivos se va a cumplir en 2015 en todo el mundo. Hay países que van en algunos indicadores mejor que otros pero no es algo uniforme. Por ejemplo, en América Latina, en mi zona, han cumplido ya con creces Uruguay y Chile, pero Argentina sigue teniendo algunos indicadores bastante malos.
Bolivia ha dado un salto espectacular en cobertura sanitaria y educativa pero, tiene otros indicadores que serán muy difíciles de cumplir. Si eso es en países de renta media, imagínate la situación en Haití o en Centroafrica.
Es cierto que se ha avanzado bastante pero hay países en los que si que no hay un esfuerzo de la comunidad internacional no van a lograrlos. Algunas políticas están siendo exitosas como las educativas o sanitarias, pero otras van mal, como mortalidad infantil, mortalidad materna, políticas medioambientales… Hace falta, por tanto, continuar trabajando desde las organizaciones internacionales para que estos objetivos se vayan poco a poco consiguiendo.
- ¿Qué proyecto recuerda con cariño?
(Piensa durante unos segundos) ¡Tengo tantos!, ¡son casi todos!… Hay uno que me gustó mucho ver completado que fue la construcción de una maternidad en la ciudad de Potosí. Es una ciudad que está a más de 4.000 metros de altitud, hace un frío horrible y cuando llegué la maternidad era un edificio sin calefacción y con las ventanas rotas en el que las mujeres compartían camilla, la higiene no era la apropiada… Imagínate, si sobrevivía la madre o el niño era casi un milagro.
Al ver esto me empeñé en mejorar el edificio y fue muy satisfactorio poder verlo terminado, con ventanas, mantas y calefacción. Volví a Potosí hace unos años y la maternidad ya tenía grietas y desperfectos, pero, aún así, era mucho mejor de lo que me encontré la primera vez que llegué a la ciudad.
- ¿Cuáles son sus planes de futuro?
De momento estoy en Madrid, aunque dónde he sido más feliz ha sido fuera. La gente tiene más ilusión, no ves caras largas de cabreo y estrés sino muchas ganas de trabajar por la mejora del país.
Cuando mi hijo sea mayor de edad y acabe de estudiar me encantaría volver a marcharme. Ya no me planteo ir a un país como Guinea porque las condiciones son muy duras, pero, por ejemplo, Perú creo que es un destino idóneo para mí. Una vez has estado fuera tantos años como yo, 16 en total, es muy difícil volver… siempre estás pensando en los sitios que has visitado y en dónde realmente te necesitan.
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