Los Lunes de El Imparcial

Juan José Porto: Buñuel insólito

reseña

Sábado 25 de junio de 2011
Juan José Porto: Buñuel insólito. Prólogos de Andrés Cárdenas y Roberto Vera. Berenice. Córdoba, 2011. 125 páginas. 15,95 €


“Para que te gustara el cine de Buñuel había que ser o universitario o pastor de ovejas”, nos dice Andrés Cárdenas en su prólogo al libro de Juan José Porto, frase que encierra alguna de las claves de sus películas: intelectualidad dentro de la cotidianidad más popular. Es cierto que Luis Buñuel fue un cineasta complejo, contradictorio, complicado para muchos –algo propio de los genios–, incómodo para otros; tanto, que su Viridiana fue sepultada en el olvido en España tras recibir en el Festival de Cannes, en 1962, la Palma de Oro que más sonrojó a los censores, incapaces ya de frenar su difusión internacional, y que le costó el cargo al Director General de Cine que horas antes la había recibido muy ufano y orgulloso de tal premio para nuestro país.

Nos encontramos realmente ante una biografía insólita como indica su título, porque en ella se relatan anécdotas desconocidas del genio de Calanda, que le fueron desveladas a Porto en una entrevista con Buñuel a cambio de que jamás las publicara; promesa que, en sentido estricto, tampoco rompe este libro. Junto a ellas va desgranando información obtenida con posterioridad gracias a la amistad que les unió: por ejemplo, su falta de devoción hacia otro genio, el gran Alfred Hitchcock.

Además, se incluye un álbum con treinta y cuatro imágenes llenas de interés: fotografías personales de Buñuel (hasta una con su madre), de sus rodajes, fotogramas de sus películas e incluso el cartel de una de ellas. Y por último, una filmografía cronológica en la que se ofrecen fichas tanto de películas que dirigió, como de otras en las que participó ya fuera como ayudante de dirección, guionista e incluso productor, y también se reseñan proyectos no rodados.

Cuando realizó Un chien andalou (1929) ya había colaborado en otras tres películas francesas, entre las que destaca la insólita La chute de la maison de Usher (1928) de Jean Epstein. Tras L’age d’or (1930) y Las Hurdes (1932), trabajará profusamente para “Filmófono” y en los 40 da el salto a México, donde rueda casi una veintena de films, algunos situados entre lo mejor de su filmografía: Los olvidados (1950), Abismos de pasión (1953), Simón del desierto (1965) y la sublime El ángel exterminador (1962), a la que Woody Allen acaba de homenajear en una escena de Midnight in Paris (el protagonista se atreve a sugerirle su argumento al propio Buñuel, que quedará estupefacto ante la imposibilidad de que los personajes salgan del encierro en una casa). Sus últimas películas las dirige en Francia, país para el que ganará el Oscar a la Mejor Película Extranjera con El discreto encanto de la burguesía (1972), tras haber estado nominada también Tristana. En 1977 rodaría la última, Ese oscuro objeto de deseo.

Religión, erotismo, crueldad que llega incluso a la necrofilia y al masoquismo, rebeldía ante las convenciones sociales son elementos fundamentales y recurrentes en una de las cinematografías más personales de un director español: el brutal, sobrio, escandaloso, surrealista –no solo en sus inicios– y siempre genial Luis Buñuel.

Por Julia María Labrador Ben

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