Sábado 02 de julio de 2011
Luego de tres semanas de silencios y acertijos, el presidente de Venezuela, Hugo Chávez reaparece en los televisores de los venezolanos para hablar por primera vez de su estado de salud. El gobernante robusto, dicharachero y conversador capaz de hablar cuatro horas seguidas en cadena nacional, era una sombra de sí mismo por no decir que una especie de némesis de su persona.
Enfundado en un traje azul y una camisa teñida de su color fetiche, el rojo, el mandatario suramericano intentó conservar la compostura en medio de la fragilidad que proyectaba. Evidentemente demacrado, más delgado, pero sobre todo, anímicamente tocado, Chávez reconoció lo que el diario hispano estadounidense “El Nuevo Herald” anunció exactamente dos semanas atrás: que sufre cáncer.
Un diagnóstico que contradice y pone en entredicho la credibilidad de sus dirigentes políticos, como el presidente de la Asamblea Nacional, el ex guerrillero Luís Fernando Soto Rojas, que han negado a los medios de comunicación y a la opinión pública venezolana, que el gobernante padeciera tal enfermedad, todo ello acompañado bajo una lluvia de falso optimismo propagandista en la red social Twitter.
Por ironías de la vida y porque como reza el dicho “entre el cielo y la tierra no hay nada oculto”, ha sido el propio Chávez quien se ha dado a la tarea de dar el tan esperado parte médico oficial, muy seguramente contra su voluntad y quizá seguir por recomendación del único hombre al que escucha: Fidel Castro.
Hugo Chávez, o mejor dicho, su espectro, al fin dió las respuestas a los interrogantes que han embargado a Venezuela a lo largo de 21 días. Respuestas que abren nuevas pero más inquietantes preguntas sobre el futuro inmediato del país suramericano.
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