Lucía Nieto | Martes 01 de abril de 2008
En la última semana medios colombianos y agencias internacionales se han hecho eco de una información aparecida en el diario Washington Post. La noticia tiene por título: “Las tropas colombianas matan campesinos”, mediante esta estrategia sensacionalista se saca a la luz pública un grave problema que, más allá del triste y lamentable caso expuesto en la nota y de las cifras allí presentadas, azota la realidad colombiana desde hace muchos años y que viene siendo denunciado por organismos de Derechos Humanos, investigadores de Naciones Unidas y agencias del propio Estado Colombiano como la Defensoría del Pueblo y la Procuraduría General de la Nación, con inusitada frecuencia y de variadas formas, sin lograr los efectos esperados en términos de poner fin a esta abominable práctica.
Detenerse a analizar sobre el sentido y el posible uso político de la aparición de esta información vale la pena. ¿Por qué ahora? Uribe ostenta en este momento altos niveles de popularidad, el conflicto fronterizo con Ecuador por la muerte del segundo al mando de las FARC, como siempre sucede en los conflictos con vecinos, ha acrecentado los sentimientos patrióticos de los colombianos a través de un claro respaldo al Presidente en todas sus acciones y decisiones referidas con la lucha contra la guerrilla, la política de Seguridad Democrática demuestra grandes logros, así entonces, a pesar de la denuncia pública del cuestionamiento de las actuaciones del Ejército Colombiano, se puede buscar la aceptación de estas muertes de inocentes como parte de los costos de la guerra, se trata de dejar pasar y hacer que permanezca la indiferencia ante esta cruel situación.
Por otro lado, la guerrilla se encuentra en un momento difícil, desmovilizaciones, deserciones, asesinatos desde sus propias filas, baja de moral, clara merma en el número de efectivos, desajustes y conflictos en la cúpula, en fin. Mostrar la crueldad del Estado en la lucha en su contra hará que el Ejército disminuya la presión y ellos tengan un respiro. Esto sin contar los efectos que en el plano internacional puede tener esta información y que llegue a favorecerles por mecanismos indirectos de presión al Estado colombiano. Los Estados Unidos tienen retenidos varios millones de dólares en ayuda militar y están discutiendo la continuidad o no y en que medida el apoyo a Colombia. Y estos congresistas sí que tienen bien contados los civiles muertos.
De múltiples formas se ha corroborado el hecho y se ha demostrado de manera contundente, la única verdad es que la Fuerza Pública en Colombia comete graves violaciones al Derecho a la Vida de la población campesina y de las organizaciones sociales rurales al perpetrar, de manera sistemática, ejecuciones extrajudiciales que involucran a la población civil.
Muertes de inocentes usadas con unos u otros fines, pero que no pueden seguir siendo invisibles y utilizables, que no pueden seguir quedando en la impunidad, que no pueden seguir sucediendo. Quienes luchan por este esencial derecho merecen todo el apoyo posible y con estas palabras espero contribuir de alguna manera.
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