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París, Madrid y Rabat intentan reanimar la Unión por el Mediterráneo

Las “revueltas árabes” dan la espalda a la UPM

Martes 05 de julio de 2011
En una operación combinada Nicolás Sarkozy, Jose Luis Rodríguez Zapatero y Mohamed VI pretenden sacar de su convalecencia la Unión por el Mediterráneo. Este martes en Barcelona ocupará sus funciones el nuevo Secretario general de la UPM, el marroquí Youssef Amrani, arropado por los ministros de Exteriores galo, español y marroquí.

Desde las capitales árabes recuperadas por la ola de revueltas populares, Túnez y El Cairo principalmente, se mira con desconfianza el intento de Sarkozy de resucitar su proyecto al que achacan de neo-colonial. Los nuevos gobiernos de Egipto y Túnez no pueden olvidar que los dos pilares fundamentales de la UPM en la ribera sur eran Hosni Mubarak y Zine Ben Ali.

Yussef Amrani, que hasta hace poco ocupaba el cargo de secretario general del ministerio de Asuntos Exteriores en Rabat, fue elegido en mayo para remplazar al jordano Ahmad Masadehque dimitió en enero en medio del proceso de revueltas árabes en el momento en que la diplomacia francesa patinaba por su apoyo persistente a los dictadores Ben Ali y Mubarak. La UPM entró en convalecencia profunda, como mostró su imposibilidad para organizar su segunda cumbre postergada sine die, tras la inaugural en julio de 2008, y que debía reunir en Barcelona a los jefes de Estado y de Gobierno de sus 43 miembros.

A la traba insuperable del conflicto palestino-israelí, que originó el rechazo de buena parte de los países del sur del Mediterráneo al proyecto de Sarkozy por la presencia de Israel en el mismo, se añadió el cambio geopolítico que supuso elproceso de revueltas árabes, que acabó con los dictadores tunecino y egipcio. Sarkozy contó desde un principio con Hosni Mubarak, que de hecho fue co-fundador de la UPM junto al presidente francés, y con Ben Ali que le acarreaba un apoyo incondicional como reciprocidad al sostén parisino a la dictadura de Cartago.

En un intento de sacar partido al proyecto, el gobierno de Rodríguez Zapatero le apoyó desde un principio, y se prestó a todas las maniobras para mantenerlo en vida. De hecho España aspiraba a asumir la copresidencia de la UPM junto a algún país de la ribera sur. Pero la diplomacia española no fue capaz ni siquiera de convencer a los 27 de la Unión Europea, que estimaban que fuese el país europeo presidente de turno de la UE quien asumiese esa función.

Sin embargo Francia ha facilitado que el diplomático Bernardino León sea nombrado en los próximos días Enviado especial para el Sur del Mediterráneo y los procesos de transición en los países árabes, como recompensa al apoyo de Zapatero a la UPM. Una tarea que de entrada cuenta con la desconfianza, cuando no la hostilidad, de los movimientos que protagonizan las revueltas árabes en el sur del Mare Nostrum.

La UPM pretende impulsar proyectos conjuntos en el espacio mediterráneo. Si el anteriorpresidente francés Jacques Chirac impulsó la Conferencia de Barcelona con la misma finalidad pero dándole relevancia al respeto de los derechos humanos en el Sur, Nicolás Sarkozy comenzó su andadura en la UPM sin tener en cuenta estos últimos. El intento francés de liderar la coalición anti-Gadafi –curiosamente el coronellibio fue desde sus comienzos uno de los Jefes de estado árabes más hostiles al proyecto galo –tampoco ha suscitado gran entusiasmo en las otras capitales árabes, que ven más la defensa de los intereses industriales y financieros de Francia que una cruzada por la democracia y los derechos humanos.

El diplomático marroquí Yussef Amrani pese a todo es optimista, y cree que “ahora se abre una ventana de oportunidad y también de necesidad” para que la UPM asuma un papel determinante en la creación de un espacio mediterráneo común. “Hay un nuevo contexto y la UPM puede acompañar los cambios”, dice refiriéndose a la transformación que se opera tras las revueltas árabes. Estima incluso que la organización debe proponer proyectos “en el campo de la democracia y la sociedad civil”, algo muy alejado de los objetivos iniciales de Nicolás Sarkozy y Hosni Mubarak.

De cualquier manera, Amrani deberá contar con la aquiescencia francesa, que le fijará la “hoja de ruta”. En la página web del ministerio galo de Exteriores, se enumeran claramente los proyectos y las áreas de los mismos: economía, energía, protección civil, formación de jóvenes, dejando muy poco espacio para los derechos humanos, las libertades, la solidaridad y la instauración de Estados de derecho en la ribera sur.

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