Luis María ANSON | Miércoles 06 de julio de 2011
El 90% de las empresas públicas son una camelancia. Las crearon los partidos políticos para colocar en ellas a parientes, amiguetes y simpatizantes. Además algunos listos se dedicaron a enriquecerse, negociándolas.
Se habla poco de las empresas públicas pero Bruselas las mira con prevención creciente. En los tres últimos años la deuda de las empresas públicas se ha disparado en un 73,8%. Según informa R.I. Vargas en La Razón, el montante total de la deuda de las empresas públicas produce ya general alarma porque se eleva a 57.815 millones de euros, cifra que nadie sabe cómo se va a abordar.
Más de 4.000 empresas públicas desangran a los españoles. Cerca de 2.500 han sido creadas por las comunidades autónomas. Casi todas ellas son parásitos que consumen el cuerpo económico español. Autonomías y municipios rivalizan en despilfarrar el dinero. Ni el PP, ni por supuesto el PSOE, han abordado de fondo un problema que nace de la picaresca y la trapisondería. Pero uno de los fundamentos para salir de la crisis y presentar unas cuentas razonables en Europa pasa por cerrar tal vez el 80% de las empresas públicas existentes y reestructurar el resto. Cuando Rajoy se encarame en el poder se va a encontrar con el problema acrecido de las empresas públicas, problema que ha contribuido a que los españoles consideren que el tercero de los diez grandes problemas que nos agobian es la clase política.
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