José Eugenio Soriano García | Miércoles 06 de julio de 2011
Eleanor H. Porter en 1913 publicó una novela que tuvo un extraordinario éxito.
Así la describe la famosa Wikipedia:. La historia cuenta sobre una niña llamada Pollyanna, huérfana de padre y madre que es enviada a vivir con su estricta Tía Polly. Pollyanna, educada con optimismo por parte de su padre, usa el juego de encontrar el lado bueno de cualquier situación para alegrar la vida de todos los que la rodean, empezando por su Tía Polly, el Señor Pendleton, un hombre solitario y la señora Snow, deprimida por su enfermedad que la obliga a permanecer en cama. El libro fue un éxito en cuestión de días y añadió un nuevo término al diccionarió del lenguajeinglés: Pollyanna se usa para describir a una persona que es optimista de manera exagerada. En 1915, Eleanor H.
Porter publicó una secuela a su novela, Pollyanna Grows Up y esta resultó igual de exitosa.
Parece que los comentaristas al uso de la Sentencia del Tribunal Constitucional que legalizó a la coalición BILDU, han reescrito el guión de esa novela. En estas mismas páginas, algunos de ellos apuestan por el futuro, como si de un hecho se tratase. Y lo hacen afirmando, con aseveración, no sabemos si fatua, que las cosas van a mejorar y que hay que retar el próximo avenir político con la seguridad de que la situación va a mejorar.
Con franqueza, no sé de donde se obtienen tales prospectivas ni mucho menos cómo se puede hacer anticipos sobre lo que va a hacer o no una coalición política con los antecedentes, nunca desmentidos, que acumularon sobre la misma las Fuerzas de Seguridad y que estuvieron en la base de la Sentencia del Tribunal Supremo.
Ciertamente creo que quienes están haciendo afirmaciones sobre el futuro como si de unos antecedentes de hecho se tratase, más bien están realizando el guión de una Pollyanna política sin otra base que un pío deseo, en el mejor de los casos, cuando no arrimando el ascua a su sardina para crear un ambiente, un entorno ideológico, que pretende traspasar de contrabando la realidad para acabar concluyendo en una interpretación jurídica siempre favorable a los intereses gubernamentales.
Porque así como la Sentencia del Tribunal Constitucional tiene que ser respetada, ello no equivale, al menos en el plano académico, a aceptarla sin crítica. Y leída y estudiada, son muchos los elementos a poner en cuestión, a empezar por el tiempo de reflexión que tuvieron los Magistrados para examinar por entero el expediente.
Al mismo tiempo, en mi opinión, cuando en el Congreso de los Diputados se ha intentado, sin éxito, entre los demócratas llegar a un acuerdo para estar atentos y vigilantes a las actividades de la extraña coalición, ha sido una lástima que no se llegara a esa alianza. La exigencia, oportuna o no, de incluir un párrafo sobre el respeto a las Sentencias del Tribunal Constitucional, podría haberse aceptado sin ambages, ya que es obvio que por mucho que no guste, el apoyo y respeto a las Instituciones es capital en un Estado de Derecho. De forma que haber añadido el párrafo indicado, incluso yendo más lejos, afirmando que siempre hay que respetar lo que indique el Tribunal Constitucional, hubiera sido un puente de oro para conseguir un contrato político entre los dos grandes partidos sobre un asunto que preocupa a cualquier español y desde luego a todo demócrata.
Pero volvamos a los comentaristas. En mi opinión, no se puede estar haciendo de futuribles ni de deseos una moción que sirva para interpretar la realidad. No. Los datos y los hechos son los que son y el principio de veracidad, desde Aristóteles, es clave en el pensamiento occidental para construir con alguna certeza una interpretación correcta. Sustituir dicho principio realista por una visión ideológica previa que intente conformar la realidad a su gusto subjetivo y si no es así, pues peor para la realidad, es generar el principio de falsificación de las preferencias como elemento de aproximación al objeto de estudio de cualquier cosa. Y eso es lo peor que podemos hacer para llegar a construir y no a inventar realidades. Y la realidad siempre se venga. Y el Derecho, casi siempre también lo hace.
No se puede hacer realmente otra cosa que observar y esperar. Estar atentos y desde luego, vigilar democráticamente. Y a la primera que se haga en contra del Estado de Derecho, actuar, no ponerse a discutir.
Mi opinión subjetiva y personal sobre la Sentencia, de momento me la guardo. Pero se que la única manera de construir con éxito una tesis que ayude a la sociedad y que genere una tasa social de beneficios superior a la mera opinión personal es intentar averiguar la verdad con hechos. En eso hay que esperar. En Pollyanna, no.
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