Viernes 08 de julio de 2011
Nunca desde hace 11 años se había pagado un interés tan elevado por colocar deuda pública. Bien es verdad que el efecto contagio del rescate a Grecia y las dudas sembradas por Moody’s sobre Portugal han podido actuar como efecto contagio, pero a nadie escapa que la prima de riesgo del bono español supone un problema de dimensiones considerables. A pesar de que la actual ministra de Economía, Elena Salgado, parece estar embridando el defit, disminuyéndolo considerablemente y ajustándolo a la reducción prevista, todavía se arrastra la nefasta política económica del Gobierno de años atrás y el veredicto de los mercados a la vista está. Tampoco ayuda el anquilosamiento en el marco laboral, cuyas verdaderas reformas no acaban de llegar. Y por si todo esto fuera poco, surge ahora la polémica sobre si hay que subir o no los impuestos a la banca y a las rentas más altas.
El intercambio de declaraciones contradictorias entre miembros del Ejecutivo -Valeriano Gómez, Rubalcaba y Blanco por un lado; Elena Salgado, por otro- da una imagen muy poco seria; casi tanto como el desempolvar el viejo cliché de la izquierda consistente en criminalizar a la banca. En comparación con el resto de la Unión Europea, la presión fiscal que hay en España no es precisamente baja. Incrementar la carga impositiva sobre las rentas más altas sería prácticamente imperceptible a nivel de las cuentas públicas. Del mismo modo, tampoco parece de recibo gravar sólo el negocio bancario, dejando al margen el resto de actividades empresariales. Hasta las propias centrales sindicales -Cándido Méndez tildaba esta nueva ocurrencia de “soplapollez”- se han desmarcado de una polémica tan artificial y electorera como vacía. Casi tanto como los argumentos de muchos socialistas cuando reclamaban autopistas y autovías “gratis total”, hasta que cayeron en la cuenta de que alguien tenía que pagarlas y ahora sostenerlas. Se olvidaron de los impuestos entonces, cuando no gobernaban, y ahora no saben hacia dónde tirar. Menos demagogia y más soluciones tangibles; eso es lo que hace falta.
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