Ricardo Ruiz de la Serna | Sábado 09 de julio de 2011
Este domingo tenemos una cita a las 12:30 de la mañana en Madrid, en el monumento a la Constitución, en el Paseo de la Castellana, cerca de la Plaza de San Juan de la Cruz y de Nuevos Ministerios.
Podría decirles que es una concentración para exigir a los terroristas de Hamás la liberación inmediata de Gilad Shalit, el soldado franco-israelí que lleva secuestrado desde el 25 de junio de 2006 por los mismos asesinos que mantienen como rehén a la población palestina de Gaza. Ya saben quiénes son los miembros de Hamás: esos desalmados que ocultan los arsenales junto a las guarderías, los hospitales y las casas de las familias. Sin embargo, hoy no voy a recordar a esos miserables que matan a israelíes y palestinos en nombre de un Islam que, en realidad, profanan.
Recordemos, mejor, a la víctima de un secuestro que ya dura más de cinco años. En España sabemos bien el horror de los secuestros. Ortega Lara, Emiliano Revilla, Publio Cordón... Los nombres de quienes han sufrido esta espantosa forma de tortura forman parte ya de nuestra memoria colectiva. No veo diferencia moral entre los criminales de Hamás y los de ETA y GRAPO. Algunos entran a discutir sobre sus motivaciones –por favor, noten bien la cursiva- pero entonces parece que el problema no es tanto el terrorismo sino más bien una motivación inadecuada (insisto en la cursiva). Nada legitima un secuestro. Si perdemos esta claridad moral, décadas de lucha contra el terrorismo de toda clase habrán sido en vano y los asesinos habrán ganado una batalla.
Algunos creen que Gilad Shalit es un prisionero de guerra pero se equivocan. Hamás ha privado al joven soldado israelí de todos los derechos que las convenciones de Ginebra reconocen a los prisioneros. El preso más peligroso de la cárcel israelí más dura goza de más derechos que este muchacho que fue secuestrado hace ya cinco años. Cualquier terrorista que cumple condena puede recibir cartas y visitas. Recibe alimentos adecuados y suficientes y asistencia médica. Su paradero es siempre conocido y un juez puede controlar si sus derechos como preso se respetan. Hamás ha privado a Gilad Shalit de aquello a que todo preso tiene derecho.
Gilad Shalit es, pues, la víctima de un secuestro y los terroristas de Hamás son los culpables. Mantengamos, también en esto, la claridad moral que hace superiores a las democracias frente a las tiranías. Un soldado que defiende una democracia cumple con su deber y debe ser honrado. Un tipo que se viste de paisano, pone bombas, secuestra, tortura y mata ocultándose entre la población civil para implantar una tiranía religiosa es un terrorista. Llamar resistentes a los miembros de Hamás es deshonrar la memoria de los millones de luchadores que defendieron la libertad frente a las tiranías del siglo XX. Jean Moulin, el director del Consejo Nacional de la Resistencia muerto a manos de los nazis, fue un héroe y sus verdugos unos criminales. He aquí el triste nombre que merecen los torturadores de Gilad Shalit.
Como les decía, este domingo, a las 12:30 de la mañana en Madrid, en el monumento a la Constitución, en el Paseo de la Castellana, se ha convocado una concentración para exigir la libertad de este joven franco-israelí que lleva sufriendo cinco años de tortura. No entraré a disculpar que sea soldado ni que estuviese luchando contra el terrorismo. Hay una diferencia moral entre la defensa de una democracia y la agresión de un grupo terrorista como la hay entre el secuestrado y el secuestrador. Entrar a justificarse es empezar cediendo y no lo haré. Son los asesinos los que deben pedir perdón a las víctimas, no éstas las que deben dar explicaciones.
Este joven, cuyo sufrimiento nadie puede conocer en toda su extensión, estaba defendiendo la democracia, la razón y todo aquello que Occidente representa frente al fanatismo y la tiranía. Nuestra civilización dista de ser perfecta, pero seguimos creyendo que todos los humanos nacemos iguales y libres y que estamos dotados de unos derechos inalienables entre los cuales están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad. A jóvenes como Gilad Shalit les debemos mucho de lo que hoy tenemos.
Mi abuelo me enseñó que un hombre debe estar donde debe. Por eso, iré este domingo a pedir la libertad de Gilad Shalit, víctima del terrorismo.
Recuerden: 12:30 de la mañana en Madrid, en el monumento a la Constitución, en el Paseo de la Castellana, cerca de la Plaza de San Juan de la Cruz y de Nuevos Ministerios.
Allí les espero.
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