Economía

Alfredo Pérez Rubalcaba tiene un plan

Crónica económica

Domingo 10 de julio de 2011
Ungido como candidato socialista, Alfredo Pérez Rubalcaba ha desgranado su programa para España que, como no podía ser de otro modo, tiene un aspecto económico.

Este viernes tuve la oportunidad de preguntarle a Elena Valenciano, directora de la campaña de Alfredo Pérez Rubalcaba, cómo se atendería una cuestión muy importante para el socialismo español. Fuera ya del gobierno, desprendido de las obligaciones que le ataban al Consejo de Ministros, a su Presidente (aunque sea su subordinado) y a sus colegas del banco azul, Rubalcaba no tiene ya el compromiso con el Ejecutivo que siendo el primer vicepresidente y ministro del Interior. Es más, para afirmarse como candidato, tendrá que desvincularse políticamente de un gobierno que es muy impopular y presentarse, ay, como alguien nuevo, que encarna alguna esperanza a sus cansados y desengañados votantes. Luego el choque de discursos entre un Zapatero asido a las reformas como a un clavo ardiendo, y con la responsabilidad de retrasar la intervención de España tras la de Grecia, Irlanda y Portugal al menos hasta el final de su mandato, y el propio Rubalcaba es inevitable. Ante esta disyuntiva, con mirada firme, gesto frío y una sonrisa breve e impostada, Elena Valenciano dijo sucintamente: “Está resuelto”. Decir eso y nada es lo mismo. Pero démoslo por bueno. Está resuelto. Y, puesto que ese choque de discursos dentro del socialismo es inevitable, la única “resolución” posible es el adelanto electoral.

Mas un candidato necesita un programa. Y aunque todavía en pañales, Rubalcaba ha dado pistas de por dónde irá el suyo, en su discurso del sábado. Su gran propuesta es financiar un nuevo Plan E con el que crear empleo a partir de la creación de un impuesto sobre los beneficios de la banca. “Los bancos y cajas pueden y los jóvenes no pueden esperar”, ha dicho. Hay varios problemas con esta propuesta. El sistema financiero español está al borde del desastre. Sigue dando beneficios (aunque esto va por barrios) gracias a una valoración de los activos inmobiliarios que no es del todo realista. Está en pleno proceso de recapitalización. Tiene sobre su lomo el peso de la prima de riesgo española, que frena su competitividad exterior. Un impuesto sobre sus beneficios no es lo más adecuado en este momento. El propio Rubalcaba lo reconoció de pasada en su discurso. Sólo que dijo que este proceso de reestructuración financiera terminará muy pronto y será entonces cuando cree el impuesto. Ahí está la cuestión. No terminará muy pronto, y su impuesto tendrá que esperar precisamente mientras más acuciante es el problema del desempleo. Luego, en realidad, no tiene un plan para el empleo, fuera de su propuesta, por lo demás razonable, de fomentar el empleo a tiempo parcial. Otro problema es el vacío que sigue a esta pregunta: ¿Dónde están los empleos de los dos planes E? ¿Dónde? No es que esos planes, de nada menos que 18.000 millones de euros (una cantidad que nunca alcanzaría con un impuesto sobre los beneficios de la banca), no amortiguasen temporalmente el desempleo. Pero no eran empleos verdaderos, pues no servían a verdaderos proyectos productivos. Y se los llevó el final de tales planes. Legaron, no obstante, una deuda que nos está creando enormes problemas.

Ah, pero ahí no queda el plan de Rubalcaba. También propone la recuperación del impuesto sobre el Patrimonio. Ya que apenas tiene efectos recaudatorios, el sentido es de redistribución. Pero para crearlo tiene que imponerlo a todas las comunidades autónomas, ya que lo que ha ocurrido en España es que algunas segiones, como Madrid, lo han eliminado, lo que ha atraído a las fortunas de otras regiones españolas. De la creación de una agencia europea de rating no cabe decir nada más. En resumen, un plan económico que no es un plan, que como dice José Antonio Sentís es más un conjunto de guiños, y cuyo sentido nada tiene que ver con la economía y sí con el objetivo, por lo demás legítimo, de perder las próximas elecciones por la mínima.

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