Lunes 11 de julio de 2011
Tras más de siglo y medio de historia, ayer domingo se publicaba por última vez News of the World. El periódico más vendido del Reino Unido ponía de este modo un broche “ético”, según su editor, Rupert Murdoch, e inevitable, a tenor del escándalo de supuestos espionajes con el fin de conseguir exclusivas. Pinchar el teléfono de familias de soldados muertos en Irak no sólo rebasa los límites de la deontología profesional, sino que refleja una falta de escrúpulos inadmisible y, además, es delito. Esta práctica ha sido habitual en la redacción de News of the World durante los cuatro últimos años; la reiteración de una conducta tan grave hace comprensible la decisión del cierre.
No obstante, hay quien ve en esta decisión una estrategia de Murdoch para que no haya interferencias en su próximo proyecto audiovisual con el grupo Sky, y que puede reportarle pingües beneficios; unos beneficios que peligrarían de seguir publicándose News of the World. Además, un gran número de anunciantes habían hecho pública su intención de retirar su publicidad, lo cual supondría un varapalo económico casi definitivo. En cualquier caso, el cierre del rotativo es un hecho. Pone de manifiesto una vez más la madurez democrática de la sociedad británica, donde la amplísima libertad de expresión también tiene unas líneas rojas, las de la legalidad vigente, y si éstas se traspasan, hay una serie de consecuencias ineludibles. En otros países no habría ni cierres, ni dimisiones ni consecuencias.
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