José Antonio Ruiz | Viernes 15 de julio de 2011
¿Hacia qué lado carga usted, Eminencia? –le preguntó el sastre al Caudillo la primera vez que le cortó un traje, para asegurarse de que los pantalones no le hicieran arrugas al Generalísimo ni a la altura de la mismísima huevera.
Hoy, muchos años después, España se ha vuelto irreconocible hasta para la madre que la parió; pero en algunos aspectos sigue siendo la misma España del sastre berlanguiano, de chivatos, soplones, gallináceas y conspiranóicos.
El Titanic se hunde y la Wallace Hartley Band sigue tocando “Nearer, my Good, to Thee” (“Más cerca, oh Dios de ti”), como si nada pasara. El mundo se desmorona, y nosotros nos enamoramos. La Gran Tribulación, Mateo 24. La destrucción de Babilona la Grande está al caer. Acabaremos aprendiendo a sonreír como Bogart. Siempre, querida Ilsa (Ingrid Bergman), nos quedará París.
Estando el panorama que se avecina, vecina, así de crudo como el engrudo de los rancios carteles electorales, confieso que a punto he estado de dejarme arrastrar, corriente abajo, por la perezosa tentación de abandonar la columna a medio hacer, por el fuste, y mandarlo todo a tomar por saco, convencido de que Luis María lo entendería y me sabría perdonar. Total, para cuatro días que nos quedan (Memento mori), dan ganas de exiliarse en Gomorra.
Pero de pronto me he venido arriba al ver por la Televisión del Movimiento (la de Rubalcaba y su comisario político sacaluguiano), a Pepe Bono, que definitivamente no es de este mundo, pues parece vivir ajeno a los augurios sombríos del Apocalipsis.
Encantado de haberse conocido con esa postrera mata de pelo que Dios le ha dado, dispuesto se le ve a convertirse en el líder tardío de las Juventudes Socialistas tan pronto como Alfredito, la joven promesa, se despeñe por la rendija de la urna y se caiga del caballo, pues aun ostentando la cátedra de la intriga palaciega, la hípica no es el fuerte del químico, que desde el auto del juez Ruz lleva varios días relinchando, aunque es de esperar que los trajes de Camps le concedan un respiro.
Nada le haría más ilusión a don José, que para estas cosas es muy antiguo y protocolario, que el día después de la hecatombe una delegación de Ferraz se desplazara ex profeso a Toledo para rogarle allí mismo, a los pies del Alcázar, besándole el anillo, que asumiera la encomienda histórica de reencarnar a Moisés para reconducir el descarriado rebaño socialista a la Tierra Prometida, paso previo ineludible a la Reconquista de la bancada azul.
Si de Zapatero dependiera, las elecciones no serían el 27 de noviembre, sino mañana mismo. Él mejor que nadie sabe que España tiene menos futuro que la Argentina de Messi, y que resignado al papel de medio estorbo, enreda más que las trenzas reggae de Bob Marley.
Como demore su decisión hasta pasado el veraneo, acabará necesitando un loquero, pues puede terminar creyéndose Toño Martín, el vocalista de Burning, y confundiendo a su queridísima Sonsoles con Carmen Maura. Bien es cierto que después de tantos cantes como ha dado durante su gobernación, tiene su punto imaginarlo cantando el estribillo (¿Qué hace una chica como tú en un sitio como este?) en lo alto de la escalinata de Moncloa.
Entretanto, a la chita callando de Tarzán, el presidente del Congreso, que a diferencia de Aznar no habla catalán en la intimidad pues prefiere los requiebros gardelianos del tango, se ha marcado el reto de aprender Break dance, ilusionado con la idea de que algún día no muy lejano le coronen rey del Hip-Hop socialista, por más que haya que agudizar la perspicacia para imaginárselo ataviado como un adolescente afroamericano del South Bronx neoyorquino o mismamente de Brooklyn.
De momento, no será que no está poniendo empeño, aunque sea consciente de las dificultades que entraña el desafío que supone pasar de pinchadiscos patillero de pantalón campanudo y estética de guateque manchego, a disc jockey desaforado, Master of Ceremonies y graffitero.
La primera estrofa de su primer single, promete: "Estoy hasta los huevos…Estoy trastornao" -se le ha podido escuchar en el improvisado ensayo previo a la grabación de la maqueta que ha hecho en el hemiciclo de la Carrera de San Jerónimo, ante la mirada de estupefacción de sus señorías.
Para el segundo sencillo se rumorea que pudiera proponerle un dúo a Ignacio Gil Lázaro. En mente tiene una versión libre de la célebre composición del desaparecido compositor colombiano José María Peñaranda: "Se va el faisán, se va el faisán. Se va para Guadalajara", hasta la puerta misma de la chirona donde Felipe le dio un sentido abrazo -¡más falso que el Iscariote!- a Vera y Barrionuevo, pero tuvo el ojo de no franquear la puerta. En la SGAE ya se están frotando las manos.
Rubalcaba, mientras, vive su particular calvario, hasta los mismísimos del pájaro que le tiene a mal traer, pues es tal la querencia y las confianzas que se está tomando el faisán, empeñado en cagarse en su hombro, que no existen precedentes más allá del loro del Capitán Garfio.
Si de Alfredo dependiera, elegiría como logotipo para su cartel electoral la gaviota retozona del PP. Y si de quien dependiese fuera de Antonio Camacho, iba a ser ministro del Interior Corcuera, porque tener subido a cucurumillo en el cogote día y noche al tal Ignacio dándole la matraca con lo del bicharraco, tiene que ser para volverse majara.
Circula el malicioso rumor de que en Moncloa los asesores políticos trabajan de un tiempo a esta parte con guantes, para no dejar huella. Y para comunicarse entre ellos no utilizan el teléfono, que deja rastro, sino walkie talkie. Nadie habla; sólo se escucha el sonido de las cuchillas de las trituradoras de papel, que tienen rango de Secretaría de Estado.
Capítulo aparte merece la incontinencia verbal de González, que después de mucho morderse la lengua so pena de envenenarse, le está diciendo a Zapatero lo que durante tanto tiempo guardó, por considerar improcedente montar un pollo en época de vacas gordas. Esta otra historia también está pidiendo una copla, pero más en la línea de Pimpinela: I never liked you, como el comic de Chester Brown.
Dicho sea al paso aunque no venga al caso, la que nunca gustó a este cronista fue doña Marta Ferrusola, la presidenta adosada, icono burgués de la anti españolidad pro-qatarí, otra que tal baila, y que últimamente está teniendo unas apariciones estelares en el gallinero nacional como para retirarle el carnet del IMSERSO o regalarle una jaula para el canario.
Pero estando el horizonte tan emputecido como está, el que de verdad me tiene intrigado es Mariano, que a estas alturas del British Open todavía no sé si tiene en mente un proyecto de Gobierno o un proyecto de España.
Si del abajo firmante dependiera, lo tendría tan claro como el inolvidado Ballesteros, convencido de que el retrato robot del líder que necesita España debe reunir las cuatro “ces” de las que hablaba Severiano refiriéndose a las cualidades de un golfista para ser considerado un “grande”: la Condición, la Cabeza, el Corazón… y los Cojones. (…) Claro que lo mismo estamos poniendo el listón muy alto, pues sólo se me ocurre Frankestein.
A la memoria de Miguel Ángel Blanco, que estás en los cielos.
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