Víctor Morales Lezcano | Viernes 15 de julio de 2011
Dejando de lado por ahora la oportunidad de la inclusión de esta oferta académica dentro del marco del mercado universitario de verano, conviene subrayar el hecho de que la representación del tema en general, y su ilustración específica enmarcada en los recuadros de Egipto, Túnez, Libia y Marruecos, puso de manifiesto una contemplación analítica y ponderada de las sacudidas que vienen zarandeando a aquellos países del norte de África.
Subrayar en esta columna lo de contemplación analítica y ponderada, obedece al efecto resultante de contrastar la narrativa instantánea y las opiniones mediáticas provocadas por las revueltas sociales norteafricanas que datan de hace sólo tres o cuatro meses. Aquellas opiniones poseían un alto grado de calidad estimativa de la necesidad histórica de tales revueltas populares “versus” los regímenes añosos que se había implantado en Túnez, Egipto y Libia durante décadas de guerra fría entre las potencias occidentales y la ex-URSS, en principio; y desde los años 90 en adelante, entre aquellas mismas potencias occidentales y sectores del mundo árabe-islámico que se fueron radicalizando gradualmente. Hasta culminar en el 11-S de 2001.
En los pocos meses transcurridos, es comprobable el avance que ha hecho la percepción española de la “primavera árabe” en general (y no, por tanto, sólo la que arrojan los analistas con un grado de especialización muy profesional).
Cuando en su momento se contempló y ensalzó con fervor compacto la caída de los regímenes que encabezaban Ben Ali y Mubarak -entonces presidentes de Túnez y Egipto-, y el panorama que ofrecían las manifestaciones de indignación ciudadana que se focalizaron en el bulevar Bourguiba y en la plaza de Tahrir, en las capitales de Túnez y El Cairo, hubo quienes proclamaron algo así como si, en aquellas revueltas, se tratara simplistamente de “llegar… y besar el santo”. Es decir, como si la Transición política de un régimen autocrático, a otro, prometedor de libertades, fuese a desplegarse felizmente, sin costes humanos y en un par de santiamenes. No ha sido, sin embargo, así, como era de esperar. Nadie con sensibilidad elaborada al conjuro de pertenecer a aquéllos que “de lo oscuro hacia lo claro aspiran”, ha dejado de saludar con emoción la “primavera árabe”; augurando incluso un porvenir histórico más equitativo a los países de la ribera sur y este del Mediterráneo. Otra cosa es, empero, entregarse, sin perspectiva y con vehemencia acrítica, a los brazos de una concepción rectilínea, poco matizada, del fenómeno cíclico de la Transición, tan apasionante como arriesgado, entre el ayer y el mañana políticos de una sociedad.
Para Egipto y Túnez se ha ido abriendo un horizonte regulador del proceso constituyente que garantice jurídicamente las conquistas de la primavera de 2011 en las estaciones venideras de 2012-2013. Para terminar de verlo así, de modo escansionado, no hay necesidad de entrevistar al general Tattaui en El Cairo ni al Sr. Caid Essebsi en el tunecino palacio de Cartago. Salta a la vista que la Transición política, social -ítem más-, mental reclamará su tiempo propio en todo el mundo árabe-islámico. Y en ciertos escenarios donde el conflicto entre los regímenes de carácter autocrático -respaldados por oligarquías clientelares muy enraizadas en las sociedades de turno- y la rebelión de las muchedumbres urbanas, como está sucediendo en Siria, impiden despejar el horizonte confuso que no permite ver el paso de “ lo oscuro hacia lo claro”, del “ordeno y mando” al reino de las libertades.
Como cantaban los reclutas británicos de la primera guerra mundial, “it is a long way to tipperary, it is a long way to go”.
Incluso para el reino de Marruecos, como se enfatizó durante la celebración del Curso de Verano que se reseña en estas líneas, el proceso de modulación reformista que se está llevando a cabo al sur de Punta Tarifa no va a ser una operación de esas “de cantar y coser”, ahora que nos andamos en “tiempos de costuras”. Ya se ha tratado por separado el escenario de Marruecos en alguna que otra columna de EL IMPARCIAL. Debido a ello, no se pormenoriza aquí sobre el caso.
Profesores, “staff” -y la nutrida concurrencia universitaria que siguió con entrega el evento académico-, contribuyeron , todos, al resultado satisfactorio de ponencias y debates que durante tres días han sentado un precedente “orientalista” en el seno de la UNED. Merced a ellos, hemos empezado a contemplar más matizadamente el porqué, cómo y hacia dónde se dirigen las nuevas revueltas árabes.
TEMAS RELACIONADOS: