Los Lunes de El Imparcial

Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler, Cornel West: El poder de la religión en la esfera pública

RESEÑA

Domingo 17 de julio de 2011
Jürgen Habermas, Charles Taylor, Judith Butler, Cornel West: El poder de la religión en la esfera pública. Edición, introducción y notas de Eduardo Mendieta y Jonathan Van Antwerpen. Traducción de José María Carabante y R. Serrano. Trotta. Madrid, 2011. 152 págs. 17 €

¿Puede una sociedad global multicultural mantener el secularismo como rasgo esencial de su sistema político? Si decimos que sí, ¿cómo podemos inducir la lealtad al sistema de enormes sectores de población para los que la vivencia religiosa es una dimensión insustituible de la existencia cotidiana? Así es que tal vez tendremos que decir que no. Pero entonces, ¿qué hacemos con nuestra autocomprensión –occidental– de los principios liberal-democráticos de la dominación política como un asunto irreversiblemente vinculado a la secularización (es decir, al desplazamiento del discurso religioso de la esfera pública al ámbito exclusivamente privado)?

A contestar esta segunda pregunta se dedica este espléndido libro, una magistral edición de un simposio celebrado en octubre de 2009 en Nueva York, con la participación de cuatro primeros espadas de categoría mundial de la filosofía social y política. Tres autores y una autora que en esta cita coinciden en el punto axiomático de que la noción de secularización necesita hoy ser reformulada. A partir de aquí, se suceden intervenciones y diálogos con tal riqueza de ideas y variedad de perfiles, que consiguen que el lector o lectora contenga el aliento y devore el libro lamentándose tan solo de que este termine tan pronto.

Aquí asistimos al modo en que Habermas se esfuerza en hacernos comprender que la argumentación pública, institucional, nunca puede recurrir a contenidos religiosos, so pena de perder su carácter universal o integrador; pero aun así lo religioso ha de ser respetado por la ciudadanía laica por su papel de “potencial semántico” o fuente –quizá– todavía viva de inspiraciones motivacionales para la vida comunitaria. Como Habermas nunca desiste de su papel de filósofo sistemático, sugiere en algunos pasajes la posibilidad de construir una teoría omnicomprensiva que enlace la conexión original de la filosofía y la religión monoteísta con un nuevo inter-reconocimiento de ambas instancias en el presente. En perspectiva de futuro, el autor nos incita a considerar que solo una actitud postsecular podría hacer posible que la sociedad global se dote de una constitución política, para abrir una nueva etapa en la historia de la humanidad.

A su lado, Charles Taylor también hace concesiones en su habitual discurso excesivamente cerrado en torno a la noción de “comunitarismo”, para explorar las condiciones en que la religión no sea un caso especial entre las múltiples diferencias culturales que han de convivir en el espacio común de la ciudadanía. Judith Butler, por su parte, rememora para la ocasión sus raíces personales judaicas y se vuelve hacia Walter Benjamin y Hannah Arendt para ofrecernos una impresionante semblanza de la obligación ética que todos los humanos tenemos unos con otros por el simple hecho de cohabitar la Tierra. Tal vez se trate justamente del tipo de concepto “iluminador” que puede surgir de la interacción de las filiaciones mundanas y creyentes del pensamiento. En último lugar, la apasionada intervención de Cornel West propone la figura judeocristiana de la inspiración profética para alimentar la rebeldía y la determinación contra la injusticia y la opresión.

No hay, en definitiva, término o disyuntiva en este debate que no parezca crucial en el horizonte de los retos ético-políticos que la sociedad multicultural nos plantea a diario. La supervivencia de la razón pública y del desarrollo universal de los derechos humanos en el contexto de una ciudadanía hipercompleja (que se autoafirma en su diferenciación interna) se juega en cada uno de los pliegues de esta bullente reflexión.

Por José Antonio González