Opinión

Italia, la P4 y la detención de Papa

Andrea Donofrio | Domingo 17 de julio de 2011

Mientras el Parlamento aprobaba el ajuste de las cuentas públicas en el desesperado intento de reducir el déficit recortando los gastos públicos, la comisión competente de la Cámara de Diputados ha autorizado el arresto de Alfonso Papa, miembro del Pueblo de la Libertad (PdL), el partido de Berlusconi, investigado por su suscripción a la llamada P4, una asociación secreta que manejaba informaciones reservadas para obtener ventajas ilícitas. Papa, ex magistrado y funcionario del ministerio de Justicia facilitaba a empresas informaciones y datos reservados sobre casos examinados por la policía, cobrándole el favor. En la votación propuesta por las fuerzas de la oposición, que como en pocas ocasiones votaron compactas, no participaron los diputados del PdL, mientras la Liga Norte se abstuvo.

Resulta ridícula la justificación del PdL que ha abandonado el hemiciclo con desdén, calificando el voto como “una indecible herida procedimental”, un “página negra en la democracia parlamentaria”. La postura del PdL en este caso resulta tan lamentable como sospechosa: frente a una situación tan grave, cabía esperar una asunción de responsabilidad, un acto de valor que demostrase el deseo de acabar con una “cierta Italia”, pútrida y trapichera. Por su parte, Berlusconi ha invitado a sus siervos a no sostener el arresto, atacando nuevamente a la magistratura: tras este episodio, resulta probable que el cavaliere intentará acelerar la prometida reforma de la justicia. Y, una vez más, la Lega ha confirmado ser parte del sistema que tanto ataca, de representar la vieja política, de falta de valor político y personalidad, de ambigüedad: tras las primeras palabras de condena, ha abogado por la abstención, pasando, finalmente y tras la amonestación de Berlusconi, a querer denegar la autorización al arresto de Papa, acusado de ser topo en diferentes fiscalías.

Se trata de un nuevo y gigantesco escándalo -que algunos ya comparan con Tangentopoli (Manos limpias)- protagonizado por los grandes empresarios de la economía italiana e importantes figuras de este Gobierno. La P4, así llamada parafraseando la P2 “Propaganda Due” di Licio Gelli, constituía –y constituye- una red ilegal de influencias y chantajes, de intercambio de información y favores, una sociedad secreta regida por Luig Bisignani, prohijado de Andreotti, ex-periodista, que algunos consideran el heredero de Gelli. Se trata de una investigación “de amplio espectro”, que está poniendo de manifiesto cómo funciona el “sistema Italia”: chantajes, espías, condicionamientos a fiscales, presiones a jueces, chivatos policiales. Tampoco parece sorprender que todo esto ocurriese en un despacho de Palazzo Chigi, sede del Gobierno, y que el escándalo involucre personajes tan importantes como Letta, Tremonti, y otros Ministros.

A este panorama ya tan negro, se añade la noticia de que la Fiscalía de Palermo ha confirmado su voluntad de sentar en el banquillo de los acusados al ministro de Agricultura, Romano, al que acusa formalmente de concurso en asociación mafiosa. A Romano, ya investigado por concurso en asociación mafiosa y corrupción, se le acusa de haber “conscientemente y activamente contribuido al apoyo y reforzamiento de la asociación mafiosa, manteniendo, también a cambio de apoyo electoral, relaciones directas e interpuestas con numerosos exponentes de relevancia de la organización mafiosa”: obviamente, el Ministro ni se plantea dimitir y, siguiendo las enseñanzas del todopoderoso Silvio, ataca la Magistratura, declarándose, unas veces, víctima de un complot y otras de una persecución.

Por eso, como ya argumentábamos en otras columnas, el punto clave de la noticia de que Berlusconi desea quedarse en el poder hasta 2013 no parece ser el que se marche, sino más bien y negativamente la posibilidad de que se quede al mando del país dos años más. Puede que no sea tan casual que, cada vez que se descubre un nuevo escándalo, una actividad ilegal, una nueva investigación aparezca el nombre de Berlusconi (en este caso concreto, parece que uno de los beneficiarios fue el banco Mediolanum, asociado con empresas de Berlusconi): el cavaliere representa la vieja clase política italiana, corrupta e incapaz, expresión de una discutible manera de hacer política, personalista y caciquista. Una plaga tan actual como difícil que extirpar. Dos años más: ¿cuántos escándalos nos esperan?

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