Economía

¿Está Estados Unidos al borde de la quiebra?

Crónica económica

Domingo 17 de julio de 2011
La excepcionalidad americana (los Estados Unidos son América, que nadie se ofenda), se ha ido borrando con el paso de las décadas. Sigue siendo un país diferente. Por el peso de la religión. Por haber sido “concebido en libertad” y ser la realización, en sus inicios, de un ideal genuinamente europeo. Pero el duro yugo de la historia le ha ido acercando a aquélla Europa que, en sus inicios, los Estados Unidos veían como encarnación de las guerras, la tiranía, el poder excesivo y los desmanes propios de las monarquías. Ahora no hay monarquía en Europa que no sea constitucional. Y los Estados Unidos siguen siendo una república, a pesar de que haya habido tres presidentes hijos, a su vez, de presidentes. Pero esa distancia entre los EEUU y Europa se ha ido borrando.

También en la economía. También en el peso del poder central. También en la deuda. El Gobierno Federal, relativamente débil al comienzo de la historia, ha ido haciéndose más y más poderoso frente a otras instituciones (sobre todo frente a los Estados) y frente al pueblo. El crecimiento del gasto federal se ha producido por oleadas, que coinciden esencialmente con las dos guerras mundiales, el New Deal, la Gran Sociedad de Johnson y el período de Bush-Obama que habrá de ser estudiado como uno sólo en la historia de las finanzas públicas.

La compleja estructura de los EEUU, con sus contrapesos, tiene previsto un límite de deuda para evitar los excesos que, de otro modo, se producirían. Esos excesos tiempo ha que se superaron, pero ahora amenazan con socavar el crédito de ese país, que es relativamente bueno en comparación con otros.

Hagamos un repaso, antes de continuar, de la historia de los default en Estados Unidos. Hay un buen resumen en uno de los útlimos artículos del Mises Institute. Recuerda el caso de la emisión de los “continentales”, en el comienzo de la historia financiera de los Estados Unidos, y de la Guerra Civil de aquél país. Los siguientes default son los de el Liberty Bond de 1934, al comienzo de la presidencia de Franklin D. Roosevelt, último impago generalizado antes del “default temporal” de 1979 debido a un problema administrativo.

El problema ahora es que, para hacer frente a todas sus exigencias, el Tesoro de los Estados Unidos tiene que recurrir a crear más deuda. Pero tiene un límite fijado por el Congreso, que es precisamente el que está ahora en cuestión. Si ese límite no se supera, el Tesoro tendrá que desatender ciertos compromisos. Es decir, llegará el impago.

La presión recae sobre el presidente de los Estados Unidos, Barack H. Obama, y sobre el Congreso, con una importante mayoría republicana. Los republicanos se niegan, en principio, a elevar el techo de deuda. En primer lugar por convicción. Y, asimismo, porque están presionados por un electorado, especialmente el organizado en torno al Tea Party, que está harto de pagar tantos impuestos y legar tanta deuda al futuro, que sólo quiere decir o más inflación o más impuestos.

Los republicanos, en un gesto de realismo político compatible con el mantenimiento de sus principios, han aceptado que se aumente el techo de deuda ahora. Pero exigen a cambio un plan creíble para reducir el déficit en la próxima década. Y por ahí no pasan ni los demócratas ni el propio Presidente. Obama se juega su modelo para EEUU, que es calcado del de Europa. Obama quiere acabar con este aspecto de la excepcionalidad americana. Todo ello depende, de forma inmediata, de algo tan prosaico como un techo de deuda.

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