Jueves 21 de julio de 2011
En Iberoamérica hay procesos de cambio político que tienen inquietos a inversores, a Estados Unidos y a la gente en general que habita en esta región del planeta.
En Perú el presidente electo Ollanta despierta cierta inquietud, ¿qué camino tomará su gobierno? ¿se inclinará hacia los intereses de Hugo Chávez, o imitará a Lula o forjará un estilo propio de gobierno?
En México, existe la duda si la democracia se fortalecerá a pesar de la crisis severa de ingobernabilidad, derivada de la inseguridad pública que reina sobre todo en el norte del país y parte de occidente. Las elecciones de 2012 están amenazadas desde ahora por la criminalidad organizada y los futuros candidatos saben que correrán un gran riesgo, incluso el de perder la vida.
En Argentina, al parecer no hay duda de que la presidenta Fernández se reelegirá en el cargo, pero existen dudas sobre su política económica que no satisface del todo a los sectores productivos. El populismo se puede renovar, pero aún así falta eficiencia en el gasto y en el control real de la inflación.
Venezuela y Cuba comparten el mismo destino. Si la salud del presidente venezolano empeora serán malas noticias para los hermanos Castro, ya que Chávez es su mejor aliado político y su principal abastecedor de recursos en la región. En Caracas hay zozobra porque tienen un gobierno a control remoto. Es curioso que se gobierne Venezuela desde La Habana. Los expertos económicos señalan que el futuro de Venezuela no parece promisorio: si muere Chávez puede haber una revuelta o un golpe de Estado, antes de que los incondicionales del Presidente se afiancen en el poder. También cabe la posibilidad de que la recuperación de Chávez lo lleve al convencimiento –pensar ya lo piensa- de que es imprescindible y eso se traducirá en una permanencia indefinida en el poder, tal y como lo desea el propio Hugo Chávez.
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