Enrique Arnaldo | Jueves 21 de julio de 2011
¿Qué se encontrará Mariano Rajoy cuando se siente en el despacho del claustrofóbico Palacio de la Moncloa?. Con toda probabilidad, nada. Y ello le hará rememorar el sucedido de Leopoldo Calvo-Sotelo, quejoso de los muchos teléfonos y de los pocos libros que le dejó su predecesor. En realidad algunos sí había pero eran un elemento ornamental.
Rodríguez Zapatero tampoco parece haberse embebido en la lectura. Bien es verdad que cuando llegaba cada verano, a preguntas de los periodistas de la corte, afirmaba que se llevaba a la playa tres novelas y un poemario (nadie comprobó nunca que finalmente llegara a leerlos). Ya nos dijo Calvo-Sotelo que “un político de verdad no pierde el tiempo leyendo. El político no tiene que leer sino hablar con la gente”.
Es cierto que como afirma Javier Marías de uno de sus personajes, los políticos tienen una fuerte tendencia a disertar y a discursear y a la digresión. Y por supuesto a escucharse con muchísima atención, sin perderse una coma de sus babosas piezas marcadas a golpe de complacencias para la galería. Todo menos perder el tiempo leyendo un libro. Está contraindicado pues tal práctica transmite un aire anacrónico. Es un estorbo para el activista cuya fachada está encalada de argumentarios y resúmenes.
Me confesó (sin careta) una joven diputada hace algunos años, con espontaneidad digna de mejor causa, que cuando veía a una persona (se supone que para estrecharle la mano o para una breve charla) veía un voto. A eso se reducen las personas para los políticos, a papeletas en las urnas. Con tal referente empírico ya me dirán ustedes para qué sirve leer un libro. Ya habló aquel clásico de la funesta manía de leer.
Los más curtidos en este arte de la política asegurar que la última generación instalada en el oficio empuja con saña inusitada no sobre la base del conocimiento sino del mérito derivado de la dedicación pronta desde que se enfundaron la camiseta de alevines del partido, se aprendieron el manejo del móvil (hoy tableta) y del listado de militantes de la causa que es, sin duda, su lectura favorita, su imperio tangible.
P.S. Sorprende que ningún entusiasta colorado haya escrito una línea sobre el sistema sanitario venezolano que carece de hospital hasta para el tratamiento con quimioterapia. Su líder bolivariano ha demostrado su ardor guerrero para armar el país y protegerlo de la invasión del Tío Sam, pero no ha sido capaz de crear una mínima infraestructura sanitaria. Tal vez también le hubiera venido bien leer un libro en lugar de pretender escribirlo y a base de demochar su propio país, sojuzgado, inmóvil.
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