Opinión

Taiwán pasa página

Eugenio Bregolat | Miércoles 02 de abril de 2008
El 22 de marzo los taiwaneses eligieron como Presidente a Ma Ying-jeon, cuyo partido, el Kuomingtang, ya había obtenido casi tres cuartos de los escaños en las elecciones parlamentarias de enero. Regresa así al poder el partido de Sun Yatsen, padre de la república burguesa que en 1911 substituyó al milenario Imperio Celeste, y de Chang Kaishek, que tras su derrota a manos de Mao Tsetung pasó a Taiwán en 1949 -sin que a nadie se le ocurriera decir que estaba invadiendo un territorio extranjero. Tras 51 años en el poder, el Kuomingtang perdió las elecciones del 2000 ante el Partido Progresista Democrático de Chen Shui-bian, que ha gobernado los últimos ocho años. Chen aspiraba a la independencia formal de Taiwán, rompiendo con la política de “una China” del Kuomingtang. Pekín respondió con una ley antisecesión en 2005, que prevé la utilización de la fuerza en el caso de que Taiwán dé pasos abiertos hacia la independencia. Los ciudadanos de Taiwán el 22 de marzo reprobaron la ejecutoria de Chen en su conjunto, dando la victoria a su oponente.


El programa de Ma Ying-jeon se concreta en los “tres noes”: no a la reunificación durante su mandato, no a la independencia de derecho, no al uso de la fuerza por cualquiera de ambas partes. A largo plazo no excluye la reunificación. Quiere un tratado de paz con la RP y, ante todo, el refuerzo de los lazos económicos: establecimiento de vuelos regulares directos (Shanghai quedaría a una hora de Taipei, cuando ahora está, vía Hong Kong, a seis), levantamiento de los límites a la inversión taiwanesa en el continente (ahora sólo se puede adquirir hasta el 40% de una empresa), apertura de Taiwán al capital continental (con la excepción de los industrias de defensa y algunas de alta tecnología), apertura al turismo de la RP, establecimiento de un mercado común entre Taiwán y RP (con libre movimiento de mercancías y capitales, pero no de personas). La RP ya es el principal socio comercial de Taiwán y éste ha hecho enormes inversiones en el continente: hasta 300.000 millones de dólares según estimaciones oficiales taiwanesas, lo que haría de Taiwán el principal inversor en la RP. Viven en Shanghai más de un millón de taiwaneses.

China propone a Taiwán la reunificación en base al modelo “un país, dos sistemas”, ensayado con éxito en Hong Kong. Taiwán podría mantener su sistema político y económico -incluso sus Fuerzas Armadas, dijo Deng Xiaoping. Perdería su bandera, su política exterior y poco más. Las grandes ventajas económicas que Hong Kong deriva del modelo “un país, dos sistemas” (zona de libre cambio, Proyecto de Integración Económica de la Cuenca del Rio de las Perlas, autorización al turismo de la RP para visitar Hong Kong, autorización a los bancos de Hong Kong para efectuar operaciones en yuanes, etc.) ejercen gran atractivo sobre los taiwaneses, cuya economía ha perdido fuelle los últimos años, y explican en importante medida la victoria de Ma. Este espera reforzar la integración de ambas economías, pero sin reunificación política por ahora.

La comunidad internacional, empezando por Estados Unidos y la UE, reconoce que existe una sola China y que Taiwán es parte de ella. La excepción son una docena de pequeños países centroamericanos y africanos, que reciben suculenta ayuda económica de Taipei.

El escenario más probable es el mantenimiento del actual statu quo durante largo tiempo: ni independencia formal de Taiwán ni reunificación. Deng Xiaoping dijo que China podría esperar cien años. Los dirigentes chinos han aclarado que no están dispuestos a esperar eternamente, pero no han puesto plazo a la reunificación.

La falta de democracia en China es el principal obstáculo a la reunificación. Si China completara su transición a la economía de mercado y abriera su sistema político, crearía las condiciones para la reunificación pacífica. China es, cada día que pasa, un país más rico, más educado, más informado, más plural y más abierto. Los dirigentes chinos estudian la manera de ir adaptando el sistema político a las nuevas realidades económicas y sociales. Taiwán es un importante estímulo para que China acometa la reforma política en profundidad.

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