Martes 26 de julio de 2011
Un buen número de “indignados”, entre los que acudieron este pasado fin de semana a congregarse en Madrid, han decidido quedarse de camping en la capital. Otra vez. A modo de veraneantes “mochileros”, los “indignados” acampan estos días por los lugares más emblemáticos del centro madrileño. El aspecto que presenta el Paseo del Prado no es precisamente grato a la vista. La que es, sin duda, una de las estampas capitalinas más turísticas -punto de encuentro entre Thyssen, Prado y Reina Sofía, tres de las pinacotecas más importantes del mundo- se encuentra jalonada de tiendas de campaña, pancartas de todo tipo y gentes que no dudan en interrumpir el tráfico cuando les viene en gana. El centro de Madrid, que es público, de nuevo “okupado”; es decir, privatizado.
No se sabe si el candidato Rubalcaba volverá a hacerles más guiños o si su sucesor en el cargo, el ex fiscal Camacho, continuará permitiendo que la ley siga sin cumplirse. Lo único cierto es que, a día de hoy, los “indignados” siguen haciendo lo que les viene en gana y amenazando con no cejar en su empeño: ya han manifestado que playas, hoteles y bancos serán sus próximos objetivos. Nada queda pues del espíritu que llevó a un grupo de personas a protestar en vísperas de las elecciones por lo que consideraban causas justas. Muchas lo eran, en realidad, y, casi todas, proponían preguntas relevantes e interesantes pero esa justicia inicial se diluyó en la posterior marea de ilegalidades. Una marea que ahora, en verano, puede volver a subir. Es el Gobierno quien ha de ejercer de dique –legal- y no permitir que la seguridad jurídica se ponga una vez más en entredicho. Por más que alguien de Ferraz piense que mostrarles simpatía renta electoralmente.
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