Entrevista
Miércoles 02 de abril de 2008
¿Cómo descubrió que su hija Ximena era celíaca?
Quien lo descubrió en realidad fue el médico, el Dr. Escobar, el quinto o el sexto médico al que fuimos. Él fue quien se dio cuenta de que podía tener esta enfermedad. Mi hija a los seis meses, pesaba lo mismo que cuando nació. Estaba francamente mal; con diarreas, con una tripa muy voluminosa, no ganaba peso y estaba siempre muy débil y muy llorosa. En fin, lo que es una madre que ve que su hija no está bien.
¿A qué se enfrentaba un padre con un hijo celíaco hace 30 años?
A la incertidumbre de cualquier enfermedad y, si además es la primera como era mi caso y no tienes ninguna experiencia de lo que es un bebé, pues todo te parece más exagerado y más complicado. Mi hija devolvía los biberones desde los ochos primeros días, empezó con diarreas, nos dijeron que era una otitis, le medicaron para eso pero no mejoró, le cambiaron la leche... Es una desesperación porque ves que esa niña incluso se puede morir, es una verdadera angustia. Fuimos de un médico a otro y nadie sabía nada. Era dar palos de ciego, hasta que por fin descubrieron que era “celíaca” y, aunque en un principio no entendí nada y ni siquiera sabía si era grave, recuerdo que me sentí aliviada al ver que alguien empezaba a saber lo que podía tener. Y empecé a confiar de verdad, al fin, en aquel médico.
¿Ha costado concienciar a la sociedad de esta enfermedad? ¿Cree que la gente sabe hoy lo que es una persona celíaca?
El avance ha sido tan enorme que hoy en día rara es la reunión, la cena de amigos, o la boda... en la que no te encuentras a alguien que te dice “pues yo tengo un hijo, un primo, o un vecino celíaco”. Hoy es completamente distinto. Las personas celíacas no necesitan medicación, simplemente un régimen de comidas muy estricto. En la actualidad es muy llevadero porque hay alimentación al alcance de todos, pero en aquella época no había nada. En aquellos años, lo cuento en el libro, en España no llevaban etiqueta los productos, y no sabías que composición tenían. Hoy todos vienen etiquetados con los ingredientes que contienen. Por eso, de lo primero que me encargué fue de elaborar, en la Asociación Celíaca que por aquellos años fundé, una lista de productos, que, una vez analizados sabíamos que no tenían gluten. Hoy en día, esa lista es mucho más amplia y se actualiza constantemente. Y además ya hay muchos productos que llevan en la caja la etiqueta de “sin gluten” que es una espiga de trigo tachada. Productos que se encuentran en muchos supermercados, centros comerciales, casas de dietética, herbolarios...
Hay ya varias firmas que elaboran estos productos en España. Cuando yo empecé intenté que algunas firmas comerciales elaboraran estos productos y no aceptaron porque no se conocía aún una población suficiente de celíacos que fuera a consumirlos y que, comercialmente les fuera rentable. Empecé importando pasta de Italia y galletas de Suiza, donde estaban más avanzados, pero resultaba carísimo. Hasta que descubrimos un confitero-panadero en La Coruña, “Cholo”, que fue el gran salvador de tantos niños celíacos. El nos hacía hasta tartas para cumpleaños que nos enviaba por SEUR.
¿Cómo ha sido la experiencia de escribir este libro con su hija?
Muy gratificante porque cada una ha escrito por separado sin contarnos lo que íbamos a escribir. Y han resultado visiones distintas; una, la de la preocupación como madre; primero para que mi hija se pusiera bien y luego para ayudarla a cumplir su régimen estricto de comidas toda su vida. Mientras que mi hija narra las dificultades con las que se ha encontrado, no solo en el colegio y en los cumpleaños, sino incluso hoy en día cuando va a un restaurante o la invitan a una comida. Y lo cuenta de una forma divertida, como ella lo ha vivido. Incluso con sus rebeldías, ya que a veces se sentía un “bicho raro”. Yo me he enterado ahora, cuando la he leído, que utilizaba a su hermana pequeña para que le llevara los termos con comida al colegio, para que pareciera ella la celíaca. Para mí esto ha sido revivir lo que es una madre primeriza, muy asustada, al ver que su hija no acababa de salir adelante.
Vicepresidenta del Partido Popular, elegida diputada nacional a las Cortes por Madrid, Cantabria y Toledo, ministra de Medio Ambiente… Dieciséis años dedicada a la política ¿Son muchos años?
Yo no sé si son muchos o pocos, pero a mí se me han pasado volando porque lo he hecho con muchísima dedicación, con mucho cariño y verdadera ilusión. No me han parecido muchos. Es un trabajo que he desarrollado con una gran vocación, no exento de dificultades y sinsabores, pero al mismo tiempo, enormemente gratificante y con muchas alegrías por las posibilidades que me ha dado de tratar y conocer a gente maravillosa. Algunos en el trabajo del día a día, tanto en mi partido como en otros partidos y otras muchas veces, a gente anónima que conocí en tantos y tantos viajes que hice a lo largo y ancho de la geografía española. Gente estupenda que me motivaba a seguir trabajando con mayor ilusión e intensidad.
¿Le gustaría volver a la política?
Sigo perteneciendo al Partido Popular, y estoy en contacto permanente con tantos y tan buenos amigos como en el PP tengo. Pero cuando voluntariamente dejé el escaño de Diputada y con él la política activa hace ya ocho años, no me he vuelto a plantear el volver. Digamos que pasé página de esa etapa de mi vida profesional y ahora estoy en otra, que me motiva y me ilusiona cada día igualmente. En cierta medida me siento una privilegiada al haber tenido la oportunidad de pasar del Consejo de Administración más importante en la vida pública, como es el Consejo de Ministros, a ocupar un puesto en el Consejo de Administración de la primera empresa privada en España, el Santander .Y en momentos realmente importantes en el sector financiero. Así que, estoy encantada.
Cuando era ministra de Medio Ambiente se encargó de negociar el Protocolo de Kyoto. Hoy en día el cambio climático está en boca de todos ¿cree que el actual Gobierno está haciendo lo suficiente en este tema?
Desde mi punto de vista no podrá cumplirse el Protocolo de Kyoto mientras no se piense seriamente en la energía nuclear. No entiendo la política de este Gobierno diciendo “no” a la energía nuclear. Mucha gente asocia la energía nuclear a Hiroshima y Nagasaki, pero la energía nuclear utilizada para fines pacíficos, le aseguro, es la más limpia, la más barata y en la que hay que pensar seriamente. No tiene sentido que un país tan dependiente, desde el punto de vista energético, como España esté comprando electricidad de origen nuclear a Francia, mientras los españoles seguimos pagando en el recibo de la luz la moratoria nuclear desde los años 80 por las centrales nucleares que íbamos a poner por entonces en marcha. Me parece jugar al autoengaño pensar que se va a cumplir el Protocolo de Kyoto a base de energías alternativas como las renovables .Que bienvenidas sean como complemento, pero nunca otorgaran a España la autonomía energética que necesita, por más que intentemos subvencionarlas. Hay que pensar seriamente en nuevos proyectos de centrales nucleares como hacen otros países de la Unión Europea. La semana pasada, sin ir más lejos, iniciaban el diálogo Gran Bretaña y Francia. Y España no puede quedarse al margen. Construir una central nuclear lleva unos 15 años. Aunque empezáramos hoy, ya vamos con retraso.
Cuando le nombraron Ministra de Medio Ambiente la primera que le echó una mano fue su hija pequeña...
Supongo que se refiere a una anécdota que conté en una ocasión. Piense que, hace ahora 12 años, cuando el Presidente Aznar me pide que ponga en marcha el primer Ministerio de Medio Ambiente en España, casi nadie sabía lo que era ni el medio ambiente, ni el desarrollo sostenible... eran palabras desconocidas para los políticos, para los empresarios y por supuesto, para la gente de la calle. Recuerdo que el primer día que llegué a casa comentando las dificultades que ello entrañaba, una de mis hijas entonces en la EGB, me dijo: “Mamá, yo tengo un libro de Ciencias Ambientales...”. No me diga que no es bonito y espontáneo, para recordarlo mientras viva.
Consejera del Consejo de Estado, Profesora de Derecho en la Universidad, Consejera del Grupo Santander, de TeleMadrid y de Climate Change Capital... y además madre de siete hijos...
No siga, no siga, que es todo más sencillo de lo que parece cuando se trata de familias numerosas. Se organiza “la producción en cadena”. Hay una distribución de funciones, que puse en marcha casi desde que iban naciendo... es como un “consejo de administración” pero a pequeña escala. Cada uno se ocupa de las cosas que tiene a su cargo, y no sabe lo bien que ha funcionado. Ellos se sentían muy partícipes de todo lo que en la familia ocurriera y creo que es lo más positivo: que se sientan protagonistas de esa historia, desde que son pequeños. Le aseguro que resulta muy entretenido, no me ha dado tiempo de aburrirme nunca...
Usted le dio posesión en la Academia de Doctores a Manuel Fraga cuando era muy joven... ¿fue ahí donde el entonces Presidente de Alianza Popular se fijó en usted?
Digamos que me conoció personalmente ese día y hablamos mucho. Además yo le daba clases a una hija suya en la Facultad de Derecho y, por entonces, él necesitaba, según me dijo, una persona que se hiciera cargo de los temas de educación en el partido... debió pensar en mí y me llamó al cabo de unos días, a finales de 1985. Empecé a hacer papeles, primero sin militar siquiera en el partido. Me afilié en enero de 1986, cuando me encargó la ponencia de educación al Congreso, que por entonces celebramos en la aún Alianza Popular. Fue poco después, cuando Felipe González convocó elecciones anticipadas en junio de ese mismo año, cuando fui elegida Diputada por Madrid, y empezó el primer cambio profesional de mi vida, porque dejé mi trabajo en la Junta de Energía Nuclear y en la Facultad de Derecho para empezar mi carrera política.
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