Opinión

¿Por qué tenemos que pagar los españoles el CIS del Gobierno?

José Antonio Sentís | Miércoles 27 de julio de 2011
Después de leer la encuesta del CIS, en la que emerge como el león de Tebas el candidato Rubalcaba, se ve hasta qué punto el gran problema de España es Zapatero. Incomprensible que pueda aguantar un día más de presidente del Gobierno. Porque él mismo es el jefe del Centro de Investigaciones Sociológicas, como organismo oficial dependiente del Ejecutivo. Y estos subordinados le dicen en la cara que su presidente es una calamidad, el que llevó al desastre al PSOE en las Elecciones Autonómicas, pero con otro, con Rubalcaba, esta tendencia a la catástrofe cambiaría. Porque, después de esta encuesta, o Zapatero se queja y liquida el CIS, o tendría que dimitir. O él tampoco se cree lo que dice el CIS.

Es curioso que el elegido para la gloria, el mismo Rubalcaba, fuera a su vez, cuando se realizó la encuesta del CIS que asegura que se recorta la distancia del PP al PSOE en tres puntos, el responsable directo de ese organismo encuestador. Es decir, que entre dos jefes, Zapatero y Rubalcaba, el CIS ha decidido apostar por el segundo, y ha decidido igualmente dejar en ridículo al primero. Lo que demuestra la fuerza del que se ha ido del Gobierno para ser candidato, y la fragilidad de quien sigue en el Gobierno de cuerpo presente.

Vayamos pues al CIS, ese organismo que hace encuestas científicas, pero que, cuando gobierna el PSOE en época de turbación, tiende a hacer cosas raras. Por ejemplo, cuando estaba a punto de perder el poder Felipe González, al PSOE se le olvidó hacer la encuesta de las Municipales y Autonómicas de 1995. O no se le olvidó, pero lo ocultó. Por ejemplo, cuando hizo esa misma encuesta para las últimas locales de 2011, cuando el CIS acertó en lo obvio (Madrid, Valencia) pero se equivocó en todo lo delicado (Aragón, Cantabria, Asturias, Canarias). Y, vaya por Dios, siempre a favor del PSOE.

Ahora, el CIS dice que después de la abrumadora victoria por diez puntos del PP en los últimos comicios, apenas hace dos meses, los españoles han olvidado radicalmente a quien votaron, y que Rubalcaba es capaz, en apenas sesenta días, de recuperar un tercio de la ventaja adquirida por el PP.

Podríamos, por tanto, hablar de un insólito error de diagnóstico del PSOE, pues hay que preguntarse por qué no puso antes de líder a Rubalcaba y se hubiera evitado la derrota. El problema es que Rubalcaba ya estaba, y con él mismo se produjo la catástrofe. ¿Por qué arte de magia se cree que los españoles son tan desmemoriados o tan estúpidos?

En todo caso, los estrategas de esa banda (dicho como parte, no se entienda mal) saben bien que una noticia, por leve que sea, de recuperación de las expectativas socialistas va a ser muy difundida, porque es verdaderamente sorprendente. Y lo que queda a las filas de la formación de Gobierno en sus horas más renqueantes es la posibilidad de agarrarse a un clavo ardiendo. Porque dar esperanza genera esperanza.
Para éstos, el CIS ha llegado como el Séptimo de Caballería para salvar de los indios a los colonos metidos en un círculo de carretas. Sólo que, en vez de sables, se han traído el manual de la profecía autocumplida, es decir la predicción de un futuro que no existe, para forzar a que exista gracias a la predicción.

Una encuesta, la del CIS, muy habilidosa. Tanto, que cataloga a Rubalcaba como mejor gobernante que Rajoy, como si Rubalcaba no hubiera gobernado al lado del catastrófico Zapatero. Incluso le cataloga como más honesto (honrado) como si jamás hubiera estado relacionado con épocas y hechos cuando menos discutibles, desde la época de González hasta los faisanes de nuestros (o sus) pecados.

En todo caso, no hace falta una encuesta del CIS para saber varias cosas. La primera, que el PSOE es un adversario muy duro de roer, y aunque esté en horas bajas no será presa fácil para el PP, especialmente si éste cree que ya ha ganado las elecciones antes de hacerlo.

En segundo lugar, que un sector del electorado socialista se quiere aferrar a Rubalcaba, como si fuera una promesa, aun olvidando que siempre estuvo, y que nunca podrá dejar de ser lo que fue. Pues ésa es la España ideológica, la que le da lo mismo hundirse definitivamente, siempre que lo haga al lado de sus colores.

En tercer lugar que, independientemente de que se percibe en el ambiente una necesidad de cambio político, como se percibe que estamos en un callejón sin salida, también es preciso un esfuerzo de comunicación de liderazgo por parte del aspirante. No sólo aguantar en la posición romana de le tortuga, sino transmitir una ilusión cimentada en el esfuerzo y la pasión de los españoles.

Ahora, las encuestas oficiales pueden equivocarse, más o menos intencionadamente, pero ese error les puede llevar paradójicamente al acierto. Pues si algo parece que puede suceder, es posible que suceda.

El Gobierno socialista ha movido ficha al publicar esta prospección electoral. Le toca ahora al PP responder. No por encuestas, sino por la constatación de su liderazgo hacia el cambio.

Por cierto ¿realmente hay que gastar dinero público en tener un Centro de Investigaciones Sociológicas dependiente del Gobierno?

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