Opinión

¿De la guerra sucia, a la paz sucia?

José Antonio Ruiz | Viernes 29 de julio de 2011
Del GAL, al Faisán; de la cal viva, al chivatazo. En lo que va desde el 16 de octubre de 1983, fecha del secuestro de Lasa y Zabala, hasta el 4 de mayo de 2006, día del chivatazo a Elosua, han transcurrido veintitrés años. Y en lo que va del 7 de junio de 1968, fecha del primer atentado mortal reivindicado por ETA, hasta el próximo 20 de noviembre, habrán pasado cuarenta y tres. Y parece que fue ayer.

Llámame ingenuo, Alfredo, si te digo que me resisto a creer a Mayor Oreja, ex ministro del Interior, como tú, cuando se barrunta que ETA tratará de ayudar al Gobierno socialista, o sea, a nuestra Rosie de Solares a la que tan bien conoces, anunciando antes de las próximas elecciones generales su disolución: «Vamos a asistir a una apariencia de final sin final». Ojalá sólo sean fabulaciones de Jaime, producto de las alucinaciones que producen los vapores insondables del decadente Balneario europeo.

Lo dramático no es que entre los terroristas no exista ni propósito de enmienda ni intención ninguna de cumplir la penitencia. No le pidas caviar al cerdo. Lo hiriente y descorazonador es que un partido político esté dispuesto a apelar a la razón de oportunidad temporal para arrancar con un golpe de efecto la campaña electoral de las Generales, como si no hubiéramos tenido bastante con el 11EME.

Y conste que no me estoy refiriendo a las babas del comisario político del Gobierno con mando en plaza en el CIS, que ha vuelto a retratarse en el fotomatón a costa del inverosímil “Efecto Rubalcaba”, la «liebre eléctrica», que me ha hecho sentir como el hermano de Mafalda: «¿Por qué me hablan como si fuera tonto?»
No es intención de este articulista concernido –como diría Iñaki-, ponerse estupendo adoptando el sobreactuado tono grave de cualquier relumbrón apocalíptico como el Nobel Stiglitz, poseso de su verdad, redentor del mundo, que bastante tiene el pobre con su surrealista conversión postrera al credo perrofláutico. Es más, debería aprovechar este verano para hacer una rotación como becario en Público, Moncloa y Ferraz.

Pero confieso que me supera que después de un millar de muertos y nueve lustros de tiros en la nuca, bombas-lapa y extorsión, los haya que parecen haber abdicado de los principios elementales de la decencia, inmunizados por rastreras razones de conveniencia y relativismo. Está por ver que los sueños de la razón producen monstruos, aunque lo que parece irrefutable es que la visión maniquea de la política provoca náuseas. ¿Ética? (…) En paradero desconocido, como Josu Ternera.

Mientras, el presidente del Congreso, con la que está cayendo, con una España embargada que está pidiendo a gritos un administrador judicial, monta un numerito circense y se pone como una loca porque le enerva los nervios que sus señorías se presenten en el hemiciclo desprovistos de corbata, contraviniendo los principios del decoro en la vestimenta. Está tan ensimismado su ilustrísima en su mismidad, que se pierde en la anécdota y pasa por alto la categoría, que tiene mala pinta, pues de aquí a unos pocos meses tomaran asiento en su escaño los diputados “nacionales” de Bildu que están por llegar. A tiempo estás, Mariano, si te entra el acojone, de solicitar el reingreso en el Colegio de Registradores de la Propiedad. Después no nos vengas con lloriqueos.

Menos mal que ante tanto despropósito, todavía los hay –y no se llama José Tomás sino Pablo-, que parecen tener los apéndices testiculares en su sitio, como el juez Ruz, que afortunadamente sigue a lo suyo, ajeno a la fabricación en serie de su muñequito de vudú, sin hacer alardes como otros muchos machotes fantasmones que tanto gustan de los fuegos de artificio.

Entretanto, insignes compañeros de toga con el cacumen rapado a lo Kojak se afanan en seguir promocionando su excelsa figura, coleccionando medallas y reconocimientos del Poder a costa de gestos tan de agradecer y tener en cuenta como el de maniobrar para que sea el Pleno y no la Sección Segunda de la Audiencia Nacional la instancia que decida si acaso no sería más conveniente que los procesados por el chivatazo fueran ajusticiados por un tribunal de chichinabo encabezado por un fiscal instructor, con funciones de juez de paz, mismamente de Irún, al amparo de la futura Ley de Enjuiciamiento Criminal. We can do it! ¡Ánimo Bermúdez!

Tirando de tópico, qué coño, el otoño se adivina caliente, pues a la vuelta de vacaciones, coincidiendo con el pistoletazo de salida de la berrea electoral, el soplo, salvo sorpresa, puede quedar reducido a un eructo, y el presunto delito de colaboración con banda armada a la insignificante categoría de simple descuido de revelación de secretos.

Para entonces, Otegi, ese «hombre de paz», saldrá casualmente de chirona, tras conseguir la hombrada de acumular cuatro absoluciones consecutivas. Y para entonces, la España que nos dejó en herencia José Luis (bien sabe el señor notario que hubiera preferido el legado que ha dejado en vida a sus hijos la duquesa de Alba, polvo enamorado), será Una, Grande y Libre.

Estando el panorama así de jodido, es comprensible que a ZP, el del canto del cisne, se le haya quedado la cara más desapercibida y descatalogada que al Capitán América, que ni es capitán ni es americano, tal cual se le quedó de desdibujada a Aznar cuando el rocambolesco episodio de la desclasificación de los Papeles del CESID. ETA no sólo tendría que entregar las armas, sino también las actas. A más de uno le daba un síncope diarreico.

España lleva años empeñada en despeñarse por la barandilla del puente del río Bidasoa, jugando a la ruleta rusa; y a buena fe que acabará pegándose un tiro en el pie. Entre todos la mataron y ella sola se murió.
Crónicas de la España negra (porque yo he venido aquí a hablar de mi próximo libro, que saldrá en septiembre, como el de Pedro Jota, aunque no irá acompañado de mi graduación de académico de la Historia). Un poquito de por favor.

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