RESEÑA
Domingo 31 de julio de 2011
Rosa Montero: Lágrimas en la lluvia. Seix Barral. Barcelona, 2011. 477 páginas. 20 €
Rosa Montero se pasa a la ciencia-ficción en esta novela que toma prestado para su título una de las frases más famosas de la historia del cine: la que pronuncia el replicante Roy Batty mientras agoniza al final de Blade Runner. Como no podía ser de otra forma, es este filme de Ridley Scott, obra cumbre de género, la película de la que se extrae el título, y gran parte de la inspiración de este libro, que se vale de los recursos y la estética de la literatura futurista para abordar temas clásicos desde nuevos puntos de vista.
Montero -autora también de obras como, entre otras, Crónica del desamor, Historia del rey transparente o El corazón del Tártaro- nos sitúa en el año 2109 en un mundo donde los humanos conviven con replicantes e incluso seres extraterrestres. La desconfianza entre especies marca la pauta de una convivencia difícil, a pesar de que la legislación prohíbe la discriminación de los androides. Este precario equilibrio se ve afectado cuando comienzan a suceder una serie de extrañas muertes muy violentas, protagonizadas por replicantes. Bruna Husky, una androide solitaria y descreída, es contratada para investigar las muertes y con sus pesquisas irá descubriendo una escalofriante trama, cuyo control se le escapará de las manos.
Este es el planteamiento de la primera incursión de Rosa Montero en la ciencia-ficción. De primeras, habrá quien sienta cierta precaución ante este giro de la escritora y periodista española. Lo cierto es que la ciencia-ficción se antoja como un territorio hostil para los no iniciados, más aún cuando quien se enfrenta a él es el propio escritor. Sin embargo, Montero resuelve la novela eficazmente y con honradez. Honradez porque, desde el principio, deja clara la obvia influencia de Blade Runner, dando a entender que su pretensión no es convertirse en la nueva autora de referencia del género sino, simplemente, apoyarse en el mismo para contar una historia. Los asuntos que se tocan en Lágrimas en la lluvia no son otros que la soledad del ser humano, el temor a la muerte, el amor, e incluso la ética política. El racismo y el miedo al otro, al diferente, al que no es como nosotros pero que, sorprendentemente, puede acabar siendo quien nos salve de aquellos que considerábamos ‘los nuestros’ es otra de las cuestiones que centra esta novela ágil, trepidante y profunda. Rosa Montero no es Philip K. Dick ni pretende serlo. Por eso Lágrimas en la lluvia funciona.
Por Regina Martínez Idarreta
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