Opinión

Japón: letargo de un gobierno que agoniza

Hidehito Higashitani | Lunes 01 de agosto de 2011
En estos momentos cruciales de reajuste del país después del desastre del terremoto y del tsunami del 11 de marzo, la situación actual de la política japonesa dividida en dos bandos opuestos en lucha ofrece un panorama algo peculiar, pero relativamente fácil de entender para el electorado. Por una parte, está el Primer Ministro Kan que intenta agarrarse al poder con el apoyo de sus obedientes secuaces junto con los diputados novatos del partido que temen, con pocas posibilidades de ser reelegidos, una posible disolución del Parlamento por la supuesta dimisión de su jefe y por otra parte el bando opuesto está formado, como es lógico, por los partidos de la oposición y, curiosamente, también por muchos de los correligionarios del mismo partido en el poder, Partido Demócratico, pidendo al unísono la dimisión de Kan.

La verdad es que ya antes del terremoto, el gobierno de Kan que había comenzado su andadura en junio de 2010 estaba ya en crisis sin poder contar con la confianza del pueblo por el escándalo de donaciones ilegales y por la falta de efectividad de los programas presentados por el partido para las elecciones generales de hace dos años, sin contar con una base financiera suficiente y sólo con afán de obtener votos por su utópica visión de la vida japonesa.

Y además ahora unos cinco meses después del terremoto y del incidente nuclear de Fukushima, la mayoría de los alcaldes y los gobernadores de la zona afectada critican al gobierno por la lentitud del proceso de reconstrucción y por la falta de un programa sólido para enfrentarse con decisión ante la crisis nuclear de Fukushima. En fin, toda la población se sigue quejando de la falta de información y de la transparencia sobre el incidente y considera que el gobierno no ha sabido gestionarse oportunamente.

La prueba de ello fue la aparatosa derrota del Partido Democrático de Kan en las elecciones municipales del pasado día 24 de abril –346 concejales elegidos del Partido Democrático en todo el territorio nacional frente a 1.119 del Partido Liberal Demócrata –el principal partido de la oposición-, lo que ha hecho todavía más arduo el ataque de los partidos de la oposición e incluso de los mismos miembros de su propio partido contra la política de Kan.

Ante la voz de protesta cada vez más fuerte que reclama su dimisión, el Primer Ministro Kan, que ha venido esquivando criticas de los partidos de la oposición e incluso del mismo Partido Democrático, no tiene ahora otro remedio que ‘insinuar’ su dimisión ante los medios informativos, diciendo que ‘está dispuesto a ceder paso a la nueva generación del partido’, con la condición de que se aprueben en el Parlamento los tres programas: ‘Ley del segundo proyecto de presupuesto supletorio’, ‘Proyecto de ley para la emisión de los bonos extraoridinarios’ y ‘Proyecto de ley destinado a promover la compra de energías renovables’.

Pero ya a estas alturas, parece que el pueblo tiene poquísima confianza en sus palabras. Porque sabe de sobra que el Primer Ministro no ha dicho con claridad: “me dimito”. El astuto uso de lenguaje de Kan siempre suele dejar lugar a la ambigüedad y el ‘ceder paso a la nueva generación’ no siempre significa que va a dejar su cargo, porque hay mil maneras para dejar paso a la nueva generación, continuando él en el mismo cargo. En fin ya nadie cree en la autenticidad de sus palabras, que están astutamente camufladas con segundas intenciones.

Según el sondeo de opinión pública realizado recientemente por la agencia de noticias Jiji-Tsushin de Tokio, solamente un 12,5% de los encuestados apoya la política del Primer Ministro Kan mientras un 71,2% desaprueba la política llevada a cabo por él.

Y a la pregunta de ‘¿qué es lo que usted quiere que haga el Sr. Kan ahora?, un 37 % ha pedido “la retirada inmediata del poder” y un 22,6 % ha pedido su retirada después de la aprobación de la ‘Ley del segundo proyecto de presupuesto supletorio para el año fiscal 2011’.

Ahora después de la aprobación de este último proyecto en el Parlamento el pasado día 25 de julio, una de las tres condiciones que ha puesto Kan para su ‘retirada’, quedan otros dos proyectos de ley para dar el punto final a su impopular gobierno. Pero parece que Kan resiste todavía. Bromeó incluso hace unas semanas en una reunión de sus fieles seguidores diciendo con una sonrisa y con un tono chantajista: “Parece que mucha gente ya no quiere ver más mi rostro. Entonces si ellos quieren realizar ese deseo, les sugiero que lo mejor sería que me aprueben esos proyectos de ley. cuanto antes”

Mientras tanto Kan sigue agarrándose al poder y parece que no lo suelta por nada del mundo. Como demuestra el resultado del último sondeo, su popularidad va cayendo en picado, aunque, según cuentan con un tono deplorable algunos politólogos de Tokio, la señora Nobuko Kan, la primera dama, le animó a su marido diciendo que no se preocupara por nada porque ‘el índice de popularidad nunca decae por debajo del cero’.

¡Vaya la pareja que tenemos con esas ocurrencias tan peregrinas estando en la cúspide del poder ejecutivo del país! El Sr. Tanigaki, jefe del Partido Liberal Domócrata, manifestó acertadamente en un debate del Parlamento que uno de los mayores escombros que nos están entorpeciendo la labor de reconstrucción del país es el residuo que se llama ‘el Sr. Kan’.

Igual que Gran Bretaña o España, Japón no cuenta con el sistema politico que nos permita al electorado elegir directamente el jefe del ejecutivo. Así que cuando nos aparece un político tipo ‘Kan’, ¿es que no hay otro remedio, para un ciudadano tan dócil y manso como yo, que esperar con paciencia, con ese espírtu tan japonés de ‘gaman’ –estoicismo y perseverancia- hasta la llegada de las próximas elecciones generales?

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