Opinión

Europa, España, Italia y el Euro en situación crítica

Miércoles 03 de agosto de 2011
Los últimos datos de crecimiento de Estados Unidos y los indicadores adelantados de la actividad en Europa y en Asia apuntan a un terreno que conocemos bien pero que creíamos ya superado, el de la recesión. Puede que no lleguemos a tanto, pero la pérdida de impulso económico global es indudable. En momentos de zozobra, cuando nada parece seguro, lo más dudoso pierde todavía más escalones. Es exactamente lo que le ha ocurrido a los mercados españoles en estos dos turbulentos días.

La prima de riesgo ha alcanzado los 400 puntos básicos y la rentabilidad del bono español a diez años roza ya el 6,5 por ciento. Para los legos estas cifras suenan a guarismos esotéricos, pero para los expertos se trata ya de que entramos en la zona de peligro, en los niveles de desconfianza sobre España que nos colocan al borde de la intervención por parte de la Unión Europea y el Fondo Monetario Internacional. Si la prima de riesgo se mantiene así durante un mes o el interés de nuestros bonos alcanza los 7 puntos, podemos dar la intervención por más que probable. La situación es muy grave y los peores temores, que parecían acallados hace muy pocos meses, son ahora mayores que nunca. La situación en Italia es pareja, y la perspectiva de rescatar a ambos países es impensable. En ese escenario, el euro podría desplomarse, como primer síntoma de una crisis europea de dimensiones desconocidas en toda la historia de las instituciones comunitarias. Parece llegada la hora de que los dirigentes de la Eurozona y el Banco Central Europeo se decidan a afrontar la crisis con determinación, introduciendo cuantas medidas sean precisas: o la Unión da un salto adelante o la aventura de la unión monetaria habrá llegado a su fin con consecuencias imprevisibles de suma gravedad.

En este contexto, no es sorprendente que el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, haya cancelado sus vacaciones. Quizá se vea forzado a tomar medidas urgentes y drásticas y llamar al Parlamento en sesión extraordinaria para sacar adelante nuevas medidas de ahorro en el gasto. La intervención en el mercado secundario por parte de las autoridades europeas, y aún de China como parece probable, sólo servirán si el Gobierno aprovecha este impasse para mostrar, aunque sea en período ya preelectoral, que no permitirá que España corra el riesgo de otros socios europeos. Sobre todo, cuando es de suponer que el señor Zapatero querrá evitar que el candidato socialista se presente con su gobierno -que sigue siendo el suyo- habiendo pedido un rescate a la UE.

La responsabilidad de la oposición debe estar en exigirle a Rodríguez Zapatero que, en un último gesto de patriotismo, tome todas las medidas que hagan falta para evitar que España llegue a un punto de no retorno que nos encamine al desastre. Pero la obligación de la oposición no está sólo en exigírselo. El PP debe apoyar al Gobierno en tal empeño, si es lo suficientemente serio. Una vez Zapatero ha convocado elecciones, sobran las recriminaciones acerca de su mala sesión o las críticas por lo que debió haber hecho y no hizo. Ese agua pasada ya la conocemos. En esta situación de emergencia nacional, el Partido Popular -y el señor González Pons, en primer lugar- en lugar de criticar lo que conocemos sobradamente, deben llamar a la acción inmediata, ofreciendo al tiempo todo su apoyo al Gobierno, para evitarnos a los españoles la dura medicina que se les ha impuesto a otros países europeos. En esta hora crítica, esa señal de consenso y acuerdo es la que ambos partidos tienen la obligación de enviar a los mercados. Estamos en una situación previa a la emergencia y cualquier cálculo político debe relegarse, incluso ante la inminencia de unas elecciones generales.

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