Opinión

Los 33 mineros de Atacama, a un año de su proeza

Viernes 05 de agosto de 2011
Este 5 de agosto se cumple el año en el que 33 trabajadores de la mina de San José, ubicada en el desierto chileno de Atacama, quedaron sepultados en vida a 700 metros de profundidad. Lo que era la sentencia de una muerte anunciada, se convirtió en un ejemplo de 70 días supervivencia y coraje que centró la atención de la comunidad internacional y, que por extrañas circunstancias, recordó mucho la historia de un grupo de jugadores de rugby uruguayos que sobrevivieron a un accidente aéreo ocurrido en la hostil cordillera de los Andes el 13 de octubre de 1972.

Con el heroísmo, llegaron las entrevistas, los regalos, los viajes y las muestras de cariño. Pequeños placebos para aliviar lo que su experiencia acarrearía para su salud emocional y su psique, ya que después de los 15 minutos de fama, viene la soledad y la conciencia de lo experimentado. La proeza, digna de una película que seguramente se estará preparando en los fogones de Hollywood, no ha sido suficiente para traerles fortuna y mejores saldos bancarios a estos mineros.

Al contrario, algunos de ellos reconocen que “no tienen donde caerse muertos”, y que el insomnio, el estrés postraumático y las deudas, son el pan de cada día. Bien lo advirtió uno de los supervivientes de los Andes cuando en una entrevista publicada a un medio uruguayo dijo: “no abandonen a los mineros, porque lo duro viene después”. Y no se equivocó. En esta sociedad de marketing mediático, el poder y la fama resulta algo muy efímero y contradictorio, sobre todo si sus protagonistas son gente humilde y trabajadora, que necesita algo más que viajes, entrevistas y adulaciones.

Ante la soledad y el desamparo en el que se encuentran los héroes de Atacama al cumplirse un año de su tragedia, no queda otra conclusión de que estos hombres, más que ser tratados con el respeto y la dignidad de los valientes, fueron la carne de cañón del circo de los “tiempos modernos”, como hizo referencia Charles Chaplin. Una sociedad que se mueve de forma frenética, a medida de valores se diluyen en función de los intereses imperantes; más a favor de los minutos de fama y el morbo, que de la ética del deber ser.

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