Opinión

De alcohol, putas y cafres

Sebastián Palomo Danko | Sábado 06 de agosto de 2011
Desde luego hay que ser cafre. DE SER CIERTO TODO LO QUE SE DICE, no tengo más remedio que tildarte de tal.

Un bruto. Y un maleducado. Además de un prepotente. Son muchos los calificativos que se me ocurren en estos momentos y he de comentarte que desde luego, ninguno va a regalarte los oídos. Pero bueno, esto no deja de ser una mera opinión personal, asi que tú también puedes pensar de mí lo que te venga en gana.

Desde luego no voy a juzgarte porque te guste gastar tu dinero en salas de fiestas acompañado de tu hijo, nieto, primo o amigo íntimo de la mili. Es tu capital, tu vida y la companía que has elegido para acudir al burdel, un acto que me es indiferente, quede claro, como tampoco me parece mal que te emborraches, por mi como si te lavas los sobacos con ginebra todas las mañanas antes de salir de casa para acudir al Senado. Eso, tu verás.

Pero querido amigo, alcohol y prepotencia casan mal. Muy mal diría yo. Gente de mal beber y noche de desenfreno juerguil ya ni te cuento...

Tenía un jefe que era algo así, quizás un poco como tú. Sobrio no era del todo inaguantable, actuaba con cierto aire de superioridad que podia llegar a ser en un momento dado ofensivo, pero por lo general era más o menos llevadero. Además de ser de rango superior en el trabajo, era rico, muy rico y creía que solo por eso los demás no estabamos a su altura y siempre y en todo momento teníamos que bailarle el agua. Hasta ahí nada especial. Se solventaba el tema haciendo oidos sordos la mayor parte de las veces. Pero cuando bebía, joder, cuando bebía el tema se violentaba demasiado. Ahí si que surgía un problema. El menda se ponía agresivo al tercer gin-tonic. No de actos, vamos a ver, no te soltaba un guantazo a la mínima, sino de palabras. En ese momento, era insoportable y un auténtico patán. El camarero de turno solia ser el primer damnificado, puede que solo por un hielo de menos a la hora de rellenar su copón-pecera y tras los agravios contra él empezaban los insultos y humillaciones hacia nosotros, sus acompañantes y subordinados que estoicamente soportábamos su prepotencia y egocentrismo in crescendo tras cada sorbo . Era un auténtico mamón.

Su altanería se potenciaba con la bebida. Y nosotros, le aguantabamos por la nómina.

En serio te lo digo, creo que eres como Don Paco, que así se llamaba mi jefe. O al menos actuaste como él. Solo que ahí no estabamos tus empleados y no estabas en un bar de postín de la capital, sino que estabas en un puticlub rodeado de lumis. Y esas querido mio, se merecen un respeto. No ya por su profesión, cada cual que piense lo que quiera, sino simple y llanamente por el hecho de ser mujeres.

Y como no eramos tus subalternos ninguno de los que insultaste, las señoras que elegiste para acompañarte tenían su dignidad y allí no te conocía ni Dios, la cagaste amigo. Te metiste con quien y de la forma que no debias, y liaste un tremendo embrollo. Fuiste al lugar donde proporcionan amor repartiendo odio. Y encima piripi. Qué metedura de pata no..., y claro está, te echaron, y ahí si que te salió la vena fascistoide. Ese “usted no sabe quién soy yo”, se tuvo que oir a bastantes decibelios de potencia si no me equivoco. Y luego todo lo demás, que si maricón, que si moro, que si hijos de tal o de cual. Muy típico, y también muy triste. Ya conocemos la historia, todos hemos leido las cronicas por morbo la mayoría, hemos de reconocerlo.

Cafre, por lo de insultar a las señoritas, por la prepotencia y los modales. Quede claro. Ah, y una cosa más, si tan mal beber tienes, el proximo día que te apetezca mambete nocturno, piensate si no te vendría mejor eso de sentarte delante de tu ordenador de madrugada, con un buen copazo en la mano izquierda, la derecha a su libre albedrío, y ese macizasinthenightonlinepuntocom en pantalla grande, te saldría menos movida la noche y quien sabe, a lo mejor hasta podrías quedar como un auténtico caballero. (si no faltas tambien por el chat, claro).

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