RESEÑA
Domingo 07 de agosto de 2011
Banana Yoshimoto: Recuerdos de un callejón sin salida. Traducción de Gabriel Álvarez Martínez. Tusquets. Barcelona, 2011. 216 páginas. 17 €.
Cinco relatos cuyos personajes principales son mujeres, más un breve epílogo, componen Recuerdos de un callejón sin salida, última publicación de Banana Yoshimoto (Tokio, 1964). Una prosa cristalina, con algún dejo naif -aunque a veces, las menos, recae en explicaciones- logra retener la atención del lector de principio a fin, llevándolo a una atmósfera invernal donde los jóvenes japoneses se debaten en un aire confuso; aquella edad donde la adolescencia retrocede indistintamente a la niñez o avanza hacia la vida adulta.
Derrumbe y fantasmas son palabras claves en estas historias de amor. Significan un antes y un después para los personajes. En “La casa de los fantasmas”, dos universitarios descubren su amor y conviven acompañados por los antiguos habitantes de un edificio que será demolido, una pareja de ancianos espectrales que son el reflejo de lo que entienden por plenitud. En “¡Mamaaa!”, una chica queda al borde de la muerte después de comer un plato envenenado en el casino de la editorial donde trabaja. En medio de la recuperación, logra estabilizar su vida emocional, afrontar el abandono y maltrato de sus padres. El veneno, la cercanía con la muerte, funcionan como remedio ante la alienación y el pesimismo, provocando matices de optimismo en la narración.
La voz de las narradoras en cada uno de los cuentos parece ser la misma, deuda que la autora intenta saldar en el epílogo, señalando “…de algún modo son los cuentos más autobiográficos que he escrito hasta ahora”. Sin embargo, de los textos se desprenden con suavidad y maestría, representaciones de una sociedad japonesa donde la occidentalización y la postmodernidad solo abarcan la sexualidad de los jóvenes, el mundo laboral y el interés por otras culturas. Permanecen inamovibles los grandes rasgos orientales: la tradición del matrimonio, el respeto a los mayores –que, como en “La casa de los fantasmas” son el ejemplo a seguir-, cierto machismo y amor a la genealogía.
En “Recuerdos de un callejón sin salida”, relato que da título al libro, surge la pregunta ¿qué es la felicidad? y la respuesta que obtenemos es que la felicidad se parece a Nobita y Doraemón, personajes de manga y series de dibujos animados, creados por Fujiko F. Fujio, a quien está dedicado este volumen. Y es que el amor y la exaltación de la infancia como “única patria del ser humano”, siguiendo a Rilke, son fundamentales para la escritora japonesa. Aquella edad llena de niebla, de fantasmas, es el origen del presente de los seres humanos, configurando de ese modo a sus personajes. La sabiduría de los niños, aquella pureza, se instala como la gran verdad –en el cuento “La luz que hay dentro de las personas” es llevado al extremo-. Sin duda, lo más valioso de este libro es el riesgo que corre la autora al intentar descifrar esa “patria” como lo hizo Rilke o Mistral en poesía, Salinger en prosa. La indagación en los procesos de crecimiento, el abandono de la niñez y el desapego de los padres.
Por Gabriel Zanetti
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