Lunes 08 de agosto de 2011
El presidente del PNV, Iñigo Urkullu, ha pedido a ETA que deje las armas “antes de que se vaya el PSOE”. La nueva ocurrencia del líder peneuvista hay que enmarcarla en el pistoletazo de salida de su particular campaña electoral, con vistas al 20-N. Hasta esa fecha, se prevé que nacionalistas vascos y catalanes desempolven sus consignas más rancias y vuelvan a echar mano del tópico del miedo, tildando la hipotética venida del PP con una pésima noticia para sus intereses. Parece claro que la hipótesis que manejan los nacionalistas es que la extorsión a la que han sometido al Estado durante el gobierno del señor Zapatero -sin que a éste pareciera importarle demasiado- no les funcionará con Rajoy, y en base a ello construyen su estrategia.
Dicho lo cual, el fin de ETA tendría que ser inmediato, y no cuando el PNV considere que es más beneficioso en el plano electoral. Su temor a que la banda terrorista cese su actividad coincidiendo con un gobierno del PP es de una ruindad sin parangón. ETA tiene que desaparecer, con independencia de quién esté en el poder y de los tiempos que marque la actualidad política. La campaña debe estar orientada por las propuestas que los distintos partidos hagan, sin que haya resquicio alguno por el pueda colarse el discurso terrorista; excepción hecha de Bildu. Todo lo que no sea pedir la disolución inmediata e incondicional de la banda terrorista está fuera de lugar. Y retrata a quien especula electoralmente con el terrorismo.
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