RESEÑA
Miércoles 10 de agosto de 2011
Antonio Colinas: Obra poética completa. Siruela. Madrid, 2011. 968 páginas. 29, 95 €
La escritura es para Antonio Colinas un modo de ser y de estar en el mundo, muestra de ello es su prolífica producción en variados géneros: novela, traducción, ensayo, aunque por encima de todo resulte poeta por antonomasia. Su concepción de la palabra como aspiración hacia lo sublime subraya la labor del poeta quien, en sociedades como la actual tendentes a la dislexia, apuesta por la palabra a contracorriente, la palabra que quiere ser nueva.
Tras la edición crítica de tres de sus más significativos poemarios (Sepulcro en Tarquinia, Noche más allá de la noche y Libro de la mansedumbre), varias antologías y algún volumen de poesía reunida, aparece ahora con título más rotundo y definitivo la Obra poética completa de este fino poeta leonés. Se abre este volumen con Junto al lago, librito juvenil hasta hace poco inédito. Además se recupera cierto libro de sonetos, cercanos a lo burlesco, a modo de divertimento, y no recogido en los volúmenes de poesía completa anteriores: La viña salvaje, con una parte escrita por un heterónimo, Del libro de ocios y de burlas de un monje alpino. El lector no debiera perderse poemarios de gran factura como el Libro de la mansedumbre, Tiempo y abismo o Sepulcro en Tarquinia, título este último que ha merecido repetida atención editorial con muy buena razón.
En la evolución de su voz, el lenguaje, quizá por la vía de la reflexión, ha ganado en síntesis produciendo un verso salvífico. Sin duda, la fidelidad de Antonio Colinas a su propia voz va más allá de la evolución que ha tenido el conjunto de su poesía. Esta reunión provisionalmente definitiva de su poesía tiene por ello tan solo correcciones muy mínimas de los textos. Quedando así, podríamos perfilar tres etapas centrales en su obra poética: la que podríamos reconocer como italiana o cultural, la de carácter más reflexivo y metafísica, con cercanía a los místicos y de fértil trascendencia y, por último, la humanista, donde la luz es siempre un símbolo inagotable, sobre todo desde Los silencios de fuego.
Antonio Colinas afirmó cierta vez: “la poesía es el lenguaje de que el hombre se sirve para hablar con los dioses”. Es la resonancia de una idea que está en el Ion, uno de los diálogos de Platón. En efecto, su poesía representa un diálogo constante con el misterio, o digamos mejor esa otra realidad que está detrás de la realidad y que responde a un lenguaje nuevo que es, o que debe ser, la poesía. Tal comprensión de la poesía se distingue porque la caracteriza como lenguaje fulgente que revela un contenido oculto, con el cual el poeta revela no sólo un medio ideal para valorar e interpretar la realidad, sino también para trascenderla fértilmente en los momentos de prueba o de crisis. La obra provisionalmente completa de Antonio Colinas representa un río de sombra que orilla la gran veta lírica española.
Por Francisco Estévez
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