No importa el tema, Benedicto XVI contesta. En 'Nadar contra corriente', el Papa responde directamente, sin esconderse, sin enrevesamientos dialécticos, a preguntas de todo tipo, sobre sexo, anticonceptivos y aborto, pederastia, investigación médica, laicismo o magia.
El Papa más sincero y más íntimo responde sin esconderse en
Nadar contra corriente, (Planeta Testimonio) un libro para todos, fácil y gozoso en el que se adentra en todas las cuestiones de actualidad, de las más variadas, de las que preocupan no sólo a los cristianos, también a cualquier hombre, como la crisis, la moral, la juventud…
Así, temas como el sexo, los métodos anticonceptivos y el aborto, la pederastia en la Iglesia, los curas en el País Vasco, los límites de la investigación médica, el laicismo, la magia y, por supuesto, la Religión y Dios son analizados sin rodeos desde la sencillez, la bondad, la humildad y la tranquilidad.
El autor de
Nadar contra corriente, el sacerdote, doctor en filosofía, teólogo y autor de cerca de veinte títulos,
José Pedro Manglano, ha explicado en una entrevista a EL IMPARCIAL que "al leer este libro te encuentras casi sin darte cuenta dialogando con una persona inteligente, sin ningún a priori, que parte de experiencias comunes y que va en busca de la verdad. En definitiva, es una auténtica maestría en el arte del diálogo".
A Benedicto XVI le está tocando “lidiar” con las grandes cuestiones, no sólo morales, también sociales, del siglo XX y XXI, como el aborto, pederastia en la Iglesia, sexo, límites de la investigación médica, laicismo… Otros papas no tuvieron tantos frentes abiertos. ¿Cómo afronta el papa Ratzinger esta parte de su trabajo? Efectivamente, la providencia ha enviado un papa extraordinario y con una gran capacidad intelectual, moral y espiritual para un tiempo muy complicado. Hay como un gran descontento y una indignación globalizada en gran parte de la población mundial. Parece que el sistema de occidente está en declive, degradado o demasiado gastado y sí creo que el Papa Ratzinger está preparado porque ha vivido la II Guerra Mundial con Hitler, ha vivido en un país con una división entre protestantes y católicos y ha vivido en Roma y por estar allí sabe de todos los problemas en Latinoamérica con la Teología de la Liberación.
Es decir, yo creo que ha vivido una serie de situaciones que le han preparado para poder ser un analista óptimo, un hombre con una capacidad de diagnóstico muy seria y atinado en sus juicios. Pero es un hombre de tal sencillez, bondad, humildad y tranquilidad que sólo eso es más convincente que todos sus argumentos. Ahí hay algo.
¿Se esperaba Benedicto XVI que el mundo fuera a estar así?Creo que él sí va viendo que todo esto tiene unas raíces que él las ve muy claras. Él pone la raíz cuando el mundo intelectual o de occidente se ha desvinculado de la verdad, piensa que la verdad no es posible. Benedicto XVI piensa que si no hay verdad no es posible tampoco establecer un bien ético, porque el bien se confunde, se interpreta como lo útil o como las consecuencias que tienen los actos. Cuando pierdes la referencia de la verdad pierdes también los parámetros éticos y entonces la sociedad se autodestruye.
En este sentido, en el libro hay un momento en el que habla de la constitución de Europa, cuando se pensó introducir la palabra “religión”. Él dijo que no tiene que aparecer la palabra “religión”, tiene que aparecer la palabra “Dios”, porque esa es una referencia al mundo trascendente y sólo si hay Dios el hombre sabe dónde situarse.
En el libro afronta cualquier tema con naturalidad e, incluso, como él mismo dice, no le importa “nadar contra corriente”. ¿Está consiguiendo sorprender el Papa a propios y extraños con sus posicionamientos y respuestas a la sociedad actual? ¿Qué cree usted que es lo que más está sorprendiendo de este Papa?Yo creo que está sorprendiendo su humildad intelectual. Cuando el Papa estuvo en Londres, esperaban poco menos que al anti Cristo, una persona fuerte, intolerante, pero la sorpresa fue que cuando llegó y salió del avión, sin alzar la mirada bajó las escaleras y besó el suelo. En ningún momento tuvo el más mínimo gesto de altivez o de poderío, de grandiosidad o de esperar ser aclamado por las masas. Fue una persona con una sencillez que sorprendió a toda la opinión pública en Inglaterra. En Barcelona pasó lo mismo.
Está sorprendiendo por donde va a propios y extraños porque es una persona que cuando la escuchas te das cuenta de que tiene una gran confianza en la razón. No trata de imponer nada por la fuerza o con juegos dialécticos, sino que entra en el diálogo. Él es un gran intelectual y trata de ver cuál es la verdad en la posición enfrentada. Entonces, se coge del brazo de ese punto que les une y a partir de ahí empieza a andar. Esa capacidad de diálogo es seductora.
De todos los temas de actualidad, ¿hay alguno que le tenga más preocupado, alguno que le duela al Papa especialmente”?Desde dentro de la Iglesia, yo creo que le duele mucho la división de la fe cristiana. Por eso, el ecumenismo y la unión de los cristianos es algo que le preocupa porque Benedicto XVI lo recuerda muchas veces: Jesucristo en la última cena lo que dice es permanecer unidos y el testimonio que estamos dando al mundo es de desunión. Con respecto al mundo, le preocupa, por el amor a la humanidad, que la sociedad sin Dios se autodestruye.
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Habla en un capítulo sobre el laicismo y se pregunta si es una nueva ideología. ¿Qué cree usted que le diría Benedicto XVI a Zapatero en una entrevista personal a este respecto?No sé exactamente qué le diría, pero pienso que entraría dentro de lo presumible que le dijera que la Religión no es una cuestión de conciencia, o privada, sino que tiene una dimensión social, que Dios no es un extraño o una molestia en el orden social, sino que es aquel que puede lograr la gran armonía. Es decir, Dios no es un enemigo de la sociedad, sino una necesidad de la sociedad.
¿Qué respuesta a qué tema le parece a usted la más brillante? Me cuesta escoger alguna, pero por ejemplo cuando le preguntan en alguna de las entrevistas sobre Juan Pablo II, él dice que le llamaba mucho la atención “lo bueno que era y con mucho humor”.
¿Y la más sorprendente?Me sorprendió mucho cuando a Benedicto XVI le preguntaron si se sentía solo en el Vaticano. Él dijo que “no, me siento muy querido y muy acompañado”. Dice que siente muy querido por los padres de la Iglesia “porque los leo y tengo amistad con San Agustín y con muchos de ellos y cuando rezo los salmos estoy unido con toda la Iglesia”.
Lo que me llama mucho la atención de Benedicto XVI cuando responde a las preguntas es que se ve que es una persona feliz, buena, sencilla y con una gran confianza en Dios. Él cree en Jesucristo, cree en la acción del Espíritu Santo, cree en la Iglesia y sabe que no está dirigiendo un Gobierno, está siendo instrumento de una acción de Dios.
Esto me recuerda también que la primera vez que fue a una Jornada Mundial de la Juventud, un periodista le preguntó que si estaba nervioso, que si después de Juan Pablo II, que se manejaba tan bien con las masas, no tenía miedo de que un anciano, alemán, con otra forma de ser, no fuera resultón. Benedicto XVI dijo que “la verdad es que nunca he tratado de aparentar ser quien no soy, por lo que voy muy tranquilo y haré lo que pueda hacer y el resto que lo haga Dios y que ellos lo admitan”. Sorprende que este Papa tampoco quiere satisfacer ninguna expectativa.
Benedicto XVI ha dado siempre mucha importancia a la juventud. Del 1 al 10, ¿con qué planteamiento y grado de interés cree usted que afronta el Papa su visita a España?Yo creo que altísimo. Creo que un 10, por un lado, porque creo que él ve que es lo que le toca ahora y es donde tiene que actuar. Es la importancia del ahora y sabe que ahí es donde Dios quiere actuar en el mundo, a través de los jóvenes, a través de este encuentro en Madrid.
En el libro también dice el Papa que lo que más le gusta es hablar sobre lo que desea transmitir a los jóvenes. Ahondando en lo anterior, ¿por qué esa importancia, qué hay en los jóvenes que considera el Papa fundamental para transmitir su mensaje?Los jóvenes son los que van a tener que conformar la sociedad. Benedicto XVI cree que la sociedad no es cristiana en todas sus expresiones y que los cristianos ahora tenemos que ser como los primeros cristianos y dentro de la sociedad tomar postura y ser luz en el mundo. Cree que los jóvenes tienen que afrontar ser cristiano de un modo distinto, tienen que ir contra corriente, ser luz y tomar partido. Todo esto no es posible nada más que volviéndose personalmente hacia Cristo a través de la Iglesia y los sacramentos.
Son importantes los jóvenes porque son los que tienen que adoptar un estilo de ser cristiano en occidente.
¿Qué podemos esperar de esta visita de Benedicto XVI a Madrid?Lo que ha pedido el Santo Padre estos últimos días ha sido pedir y rezar para que en esta Jornada haya una gran acción del Espíritu Santo. Más allá de eso, Benedicto XVI ha dicho que desea que sea un espaldarazo para que los jóvenes estén dispuestos a hacer más el bien que Cristo nos ha enseñado en el mundo.
En definitiva es eso, los cristianos vamos a agradecer la fe y vamos a hacer el bien que Cristo nos ha enseñado y esa es la batalla cristiana, ese es el modo de conquistar el mundo. Él insiste mucho en la belleza de la vida cristiana”, es decir, ser buenos y que vuestra vida resulte bella a los demás. Esa es la fuerza que atraerá hacia Cristo.
Habla el libro de las relaciones de la Iglesia católica con otras confesiones. ¿Cómo ve el Papa estas relaciones y el maremágnum de confesiones que existe?Por un lado, ve la desunión de los cristianos como un gran mal, pero en el que tenemos que trabajar todos con buena voluntad y dejarnos llevar por el Espíritu Santo. Benedicto XVI dice que la solución no se sabe donde está y que no podemos predeterminar a priori cuál es el camino exacto a recorrer para un ecumenismo. Es ir dando pasos y dejándonos llevar. Como una luz que nos alumbra los primeros pasos, pero que no sabes luego cómo continuará.
Respecto a este maremágnum de confesiones, creo que toda esta multiconfesionalidad la ve con un gran gozo, porque en cada una de las religiones hay una parte de la verdad absoluta, hay una pequeña manifestación del Dios verdadero, aunque sólo se da plenamente en el cristianismo, cuando Cristo desvela todo. Por eso, que el hombre encuentre algo de verdad en cada religión lo ve con gozo, pero también con pena por el hecho de que no todos gocen de la verdad plena y de este Cristo que se ha manifestado.
Para terminar, ¿nos queda mucho por descubrir de este Papa?Yo creo que sí y me alegró mucho cuando comentaron que Benedicto XVI estaba dedicándose este verano a escribir, posiblemente algo sobre la fe con ocasión del aniversario del Concilio del Vaticano II, que podría ser la IV Encíclica sobre la Fe, porque sería fantástico.