Cuando un político le venga a explicar que va a hacer algo por usted, échese la mano al bolsillo. La última ocurrencia es prohibir las ventas a corto, una medida que según los expertos no valdrá para nada. Para nada bueno, al menos.
Hace dos días se anunciaba ya el Armaggedon. Este viernes todo son sonrisas ante el
comportamiento de los mercados. La Bolsa sube un 4,82 por ciento después de haber ganado un 3,5 el jueves, el bono a 10 años cotiza con un interés menor que el 5 por ciento...
Los medios apuntan, para justificar la subida de este viernes, a la prohibición en varios países de
prohibir las ventas cortas: Bélgica, Francia, Italia... y España. El ministro de Finanzas alemán ha mostrado su apoyo a la medida y espera que todos los países sigan el ejemplo de estos cuatro. Alemania ya había prohibido estas operaciones al descubierto. ¿En qué consisten estas operaciones? ¿Cuál es su función? Para estas cuestiones una guía segura es la de LibreMercado, que le dedica precisamente
un artículo. Comienza diciendo: “Las posiciones cortas o bajistas son utilizadas por los inversores cuando creen que el mercado va a caer y quieren sacar rentabilidad de ello o para proteger su posición cuando ven demasiada volatilidad”. La mecánica no es muy complicada: “Para esto, lo que se hace es tomar prestados títulos de una compañía, que tendrá que devolver en un futuro, y venderlos en el mercado como si se tratase de acciones que el inversor tuviera en su cartera.
La idea es comprar de nuevo esas acciones cuando los títulos hayan caído hasta los niveles esperados para a continuación devolver esas acciones a la entidad o inversor que nos las prestó”.
Y eso se corta porque hay que erradicar a los
especuladores, se dice. Especular es actuar en función de lo que se espera de cómo evolucionen las cosas. Especular es, por tanto, actuar racionalmente, aunque en un entorno de incertidumbre. Puesto que cuando se toma un curso de acción no se conoce cómo evolucionarán los acontecimientos, uno está abierto a que éstos le sean favorables o desfavorables. Si hablamos del mercado, a que obtenga beneficios o pérdidas. Pero en eso consiste especular, en actuar racionalmente en un entorno de incertidumbre. Sólo a un político o algo peor se le podría ocurrir algo como prohibir un posible curso de acción.
Finanzas.com ha
recabado las opiniones de varios expertos. Primero recoge un
informe sobre lo que ocurrió en EEUU cuando se tomó esa medida en 2008, arbitrada por George Bush, y al que ahora todos siguen entusiasmados: “un estudio empírico del EDHC Risk Institutedirigido por Abraham Lioui concluye que la prohibición de ventas en corto de 2008 tuvo un efecto negativo sobre las tasas de retorno de los valores afectados por la medida, pero por el contrario, no permitieron suavizar la presión bajista sobre los mercados”. Que era lo que se pretendía evitar. No se logra el objetivo pero, eso sí, el mercado funciona menos eficazmente y se obtienen menos beneficios.
Otra de las opiniones, ahora desde un “hedge fund español”: “este tipo de parches nunca son la solución” porque “cuando alguien tiene una posición corta la va protegiendo ante el
riesgo de que se de la vuelta, por lo que a estas alturas de caídas, el riesgo es mucho menor”. En fin, todo el artículo merece el tiempo que lleva su lectura. También el artículo sobre el mismo tema de
El Economista.
Mientras, la lucha de los Estados Europeos contra
el déficit sigue su curso. En Italia ya tenemos una cifra: Se recortará en 45.000 millones de euros, lo que incluye una rebaja de los fondos a regiones y ayuntamientos de 9.500 millones de euros. El plan está bien pensado porque se efectuará sobre todo a partir de recortes en el gasto, lo cual hace el ajuste más seguro (no hay una relación clara entre las subidas de impuestos y los ingresos, sobre todo con una economía átona) y más sostenible. Eso sí, se incluye una “contribución a la solidaridad” que es un impuesto sobre las rentas superiores a los 90.000 euros.
Portugal, mientras, acelera sus medidas. El ministro de Finanzas, Víctor Gaspar, reconoce que hay un
desvío entre la realidad y sus objetivos de reducción del déficit del 1,1 por ciento del PIB, y por eso, y pese a las buenas palabras del FMI, anticipará el aumento del IVA a la luz y el gas del 6 al 23 por ciento. Se esperaba, eso sí, que anunciase asimismo recortes en el gasto, algo que no ha ocurrido. El FMI señaló en su momento que también estaban pendientes una reforma del sector público y otra del mercado de trabajo.
¿Y España? De vacaciones.