Opinión

Santos tiene a Colombia en la mano

Domingo 14 de agosto de 2011
El presidente de Colombia, Juan Manuel Santos ha superado su primer año de mandato con buenas notas. Los colombianos han premiado su gestión con un 85% de popularidad, según los últimos sondeos. Y ello, pese al enfriamiento que ha sufrido su relación con el que fuera su mentor político, el expresidente Álvaro Uribe, y el auge de las denominadas bandas criminales (“bacrim”), que se han convertido en la nueva amenaza de la seguridad nacional.

Durante estos 12 meses de gobierno, Santos ha dejado muy claro que quiere instaurar su propia dinámica de gobernanza y no copiar o imitar la de su antecesor; que aún cuando hoy por hoy ha sido el centro de críticas por el caso de las llamadas “chuzadas” (escuchas ilegales), logró importantes éxitos para el país.

El actual mandatario, exministro de Defensa en la anterior administración y uno de los cerebros de las operaciones “Jaque” y “Fénix”, ha demostrado que quiere “desuribizarse” para dirigir al Estado colombiano a su manera, impregnando su visión personal sobre qué directrices ha de seguir la agenda política de la Casa de Nariño, lo cual le ha dado resultados en cuanto a la aceptación y la confianza de sus ciudadanos.

Sin embargo, la proximidad de las elecciones regionales, fijadas para el próximo mes de octubre, desvela que no todo es un camino de rosas para el popular Santos. Estos comicios dejan al descubierto un nuevo gran problema para este país que no conoce la paz desde hace cuatro décadas: las bandas criminales. Las mismas que nacieron de la desmovilización y desintegración del paramilitarismo y que hoy son peligrosas organizaciones criminales que amenazan con una nueva ola de violencia para Colombia.

Varios candidatos y funcionarios públicos han sido asesinados en los últimos meses en manos de estos criminales. El control de zonas estratégicas para la industria del narcotráfico ha sido el argumento para tales ejecuciones, por lo que el Presidente ha de frenar dichas bandas cuanto antes, si no quiere que el Estado vuelva a perder el control del país y de un salto atrás de treinta años en el tiempo, cuando en Colombia imperaba la ley de los cárteles.

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