Opinión

Casa de Fieras

Reyes de Gregorio | Jueves 03 de abril de 2008
Todo empezó en el metro de Londres jugando con mi hija mayor, que por aquél entonces estudiaba allí. Los trayectos solían ser bastante largos y a menudo nos divertíamos buscándole el parecido con algún animal a la gente que viajaba en el vagón, incluidas nosotras. Yo para mi hija era una gallina, como Marcelina, y ella para mí un cisne blanco. ¿Si fuera un animal, qué animal sería ese señor que está de pie junto a la puerta?, nos preguntábamos en voz baja por si alguien entendía el español, y comenzaba el juego. De este modo viajaban con nosotras panteras, osos, vacas, aves rapaces, cocodrilos, gatos, perros, lagartos e incluso avispas y hormiguitas. La tontería nos hacia el recorrido mas corto y a menudo nos reíamos con la comparación más lograda.

Desde entonces, a veces sin querer, busco un alter ego animal a todo el mundo. El otro día, paseando por el Parque del Retiro, ya cubierto por la primavera, se ofreció ante mis ojos una fauna de la más variopinta; no en vano fue un día el lugar de la Casa de Fieras.

Si un extraterrestre llegara de incógnito a observar nuestra sociedad, como cuando nosotros vamos al zoológico a ver los animales, debería venir al Parque del Retiro y se encontraría con toda la variedad peninsular. Allí nos damos cita casi todas las especies. Vería de todo: bebés en cochecito, niños jugando, madres, canguros y abuelas; escolares, hombres en paro, funcionarios haciendo footing, mendigos dormitando en un banco, emigrantes en pandilla, turistas perdidos en un mapa; jardineros, policías a caballo, guías conduciendo un coche eléctrico, ciclistas, patinadores; profesores de kung-fu, taekwondo y demás artes marciales, yoguis en posición de flor del loto, bailadores de jota regional y danza andina, percusionistas; exhibicionistas, gays, lesbianas, amantes besándose - y aun algo más- en la hierba, muchachas en bikini, parejas ilegales; mujeres desobedientes, como yo, paseando a su perro sin correa, Doña Urraca y Doña Berengüela y hasta el mismísimo Ángel caído... y si viene el mes próximo la fauna será todavía más rica. En la Feria del libro se nos unen, monarcas y princesas, pensadores, filósofos y artistas, políticos, ogros, ogras, escritores y personajes de novela, poetas, políticos, y demás estrellas más o menos fugaces. Todos juntos en paz y armonía, cada uno disfrutando con lo suyo sin molestar a nadie. Pasen y vean, no se lo pierdan. Todos, usted también, podemos ser protagonistas.