Lunes 22 de agosto de 2011
Desde que volvieran a desatarse las hostilidades en Oriente Medio, nueve israelíes han perdido la vida de forma violenta, por quince palestinos. A ello hay que sumar la muerte de cinco soldados egipcios por un bombardeo en la frontera de Gaza, hecho éste con más sombras que luces, al menos de momento. Hamas ya ha hecho público que rompía la tregua con Israel; tregua con la que, por otra parte, nunca se sintió especialmente cómodo. Es sabido que una de las motivaciones declaradas del grupo terrorista que controla la franja de Gaza es “exterminar al estado judío”, hecho éste del cual nunca han hecho un secreto.
En esta ocasión, como tantas otras, el fuego se ha abierto desde el lado palestino. Israel ha respondido, y así la situación vuelve a repetirse una vez más. Desde este periódico hemos criticado en más de una ocasión la torpeza de Netanyahu en lo que se refiere a su política de asentamientos. Se consigue mucho más con la conciliación que con la provocación. Pero ello nunca puede ser óbice para el asesinato de civiles inocentes, como hizo Hamas la pasada semana. Además, con el agravante de intentar implicar a Egipto en esta nueva crisis, país que mantiene con Israel unas relaciones tan difíciles como necesarias para la estabilidad de la zona. La diplomacia internacional debe darse prisa en intentar con urgencia una labor de mediación, porque el agravamiento de esta situación sería perjudicial no sólo para los actores principales, sino para el resto de una región esperanzada pero convulsa.
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