Miércoles 24 de agosto de 2011
A pesar de la angustia que la crisis económica y su desastrosa gestión han provocado en la ciudadanía, hay datos que mueven a conservar la confianza en la capacidad de reacción de los españoles frente a todas las adversidades. Uno de ellos procede del ámbito económico donde las cifras señalan un incremento espectacular de las exportaciones cercano al 19%, con la consiguiente reducción del déficit de nuestro comercio exterior en más de un 8 %. Además -y por vez primera en muchos años- la exportación de bienes al conjunto de la Unión Europea ha alcanzado un saldo positivo para nuestro comercio de 1.587 millones de euros, una cifra positiva que también ha arrojado la balanza con la OECD. La sociedad civil -desde el gasto familiar hasta las empresas que componen la economía productiva española- ha demostrado que es capaz de reaccionar con dinamismo frente a la debilidad de la demanda interna buscando –y encontrando- mercados en el exterior. Si la Administración hubiera afrontado los tiempos adversos con la misma racionalidad, dinamismo y reformas en profundidad, la sociedad civil española habría tenido la oportunidad de reactivarse aún con mayor energía porque posee recursos e iniciativa suficientes para remontar, incluso en circunstancias deplorables.
Un segundo destello positivo acaba de producirse en el ámbito de la clase política que tantas noticias amargas nos ha proporcionado en los últimos tiempos. En el Pleno extraordinario de las Cortes para debatir las medidas de austeridad aprobadas el pasado viernes por el Ejecutivo, Rodríguez Zapatero ha propuesto realizar una reforma constitucional que imponga un tope al endeudamiento de cualquiera de las administraciones españolas. Es muy secundario que el líder de la oposición, Mariano Rajoy, ya lo hubiera planteado y que el actual candidato del PSOE a las próximas elecciones generales, Alfredo Pérez Rucalcaba, lo hubiese desechado. Lo relevantes es que, en un tiempo récord, tanto el presidente del Gobierno como los dos candidatos hayan llegado a un acuerdo para sacar la medida adelante. Existen plazos suficientes y apoyos sobrados para que una iniciativa de este calado se materealice en pocos meses.
Independientemente de la señal positiva de rigor y acuerdo que se envía a los mercados, un hecho así confirma, una vez más, que si la clase política hubiese actuado en la última década con la misma decisión e idéntico espíritu de colaboración y consenso, las circunstancias en que nos encontraríamos ahora no serían tan adversas. Este hecho marca el camino a seguir antes y después de los próximos comicios, sea cual sea el resultado. Si la clase política es capaz de aprender de sus errores y rectificar con racionalidad y rapidez, la sociedad civil española hallará el oxígeno que le falta para mostrar su gran capacidad de reacción y regeneración. Se trata de aparcar las diferencias y buscar puntos de encuentro en beneficio de todos para que la recuperación colectiva no se vea trabada y sea realmente fructífera.
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