Opinión

Corea del Norte y el armamento nuclear

Viernes 26 de agosto de 2011
Las grandes proporciones que los movimientos sociales en el mundo musulmán y las confrontaciones bélicas que han traído consigo, relegaron a un segundo plano informativo el grave problema planteado por el programa nuclear de Corea del Norte, impulsado por la estrambótica y peligrosa dictadura comunista de Kim Jong-il. En 2005 las autoridades norcoreanas declararon poseer armas nucleares y recursos balísticos para alcanzar objetivos intercontinentales. Prueba de que era cierto han sido los sucesivos misiles lanzados contra el Mar de Japón, lo que despertó todas las alarmas.

La brutal irracionalidad de la dictadura norcoreana se puso de manifiesto al comparar el gigantesco esfuerzo económico que requiere el desarrollo de este armamento, frente a la pobreza a la que el régimen tiene sometida a su población. La virulencia de la agresividad absurda promocionada por Kim Jong-il se puso de nuevo de relieve el año pasado, cuando bombardeó inclementemente la isla de Corea del Sur y hundió la corbeta Cheonan de la armada surcoreana. La acción estuvo a punto de desencadenar una guerra de incalculables consecuencias, dado el armamento en juego.

Ahora, la contención de las autoridades de Corea del Sur y la crisis económica parecen haber forzado a un cambio en esa irracional carrera armamentística desarrollada en solitario por el régimen de Pyongyang. Así lo indica la visita del dictador Kim Jong-il a Moscú, donde se entrevistó con el presidente ruso, Dimitri Medvédev, con el propósito de recabar ayuda económica. Todo indica que este acercamiento al Krelim es solo un primer paso en la necesidad del régimen norcoreano de obtener cooperación internacional para impedir la bancarrota del país. A cambio, declaró estar dispuesto a volver a la mesa de negociaciones para paralizar su programa de fabricación de armas nucleares. Todo hace pensar que utilizará ese programa como moneda de cambio para demandar el auxilio económico que precisa. La comunidad internacional no debería desaprovechar esta circunstancia para desnuclearizar la zona. Se trataría de todo un trayecto disparatado de una autocracia que habría ahorrado tiempo y peligros si hubiese invertido sus escasos recursos en beneficio de su población, antes que en gastos armamentísticos insensatos.

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