Cultura

El perfecto anfitrión: inquietante historia entre la intriga, la comedia negra y el estupor

Crítica de cine

Sábado 27 de agosto de 2011
Estrenado este mismo año en el Festival de Sundance con una gran acogida, el primer largometraje de Nick Tomnay tiene su origen en un exitoso cortometraje con el que el propio director se dio a conocer y que le valió para hacerse con varios premios, como el de Mejor Corto de la Academia de Cine de Australia.


La suya ha sido, sin duda, una carrera de fondo. Toda una década tuvo que esperar el director australiano para que el proyecto de convertir aquel corto titulado “El anfitrión” en un filme se hiciera realidad. No faltaron productores interesados pero nunca se llegaba a concretar nada. De modo que Tomnay tuvo que compaginar el trabajo en el guión de “El perfecto anfitrión” con spots y series de televisión hasta que su propia representante decidió invertir en el proyecto al que más tarde se uniría el productor Mark Victor, empresario con más de 30 años de experiencia en Hollywood y colaborador de grandes nombres de la industria cinematográfica como Steven Spielberg o Richard Attenborough. Su contribución fue decisiva para que empezara el rodaje, que constituyó todo un reto: se realizó sólo en 3 semanas y con un presupuesto de lo más modesto para Hollywood, 700.000 dólares.

Lo cierto es que en localizaciones no había que gastar demasiado. La historia tiene lugar casi por completo en un único escenario: la lujosa casa de Los Ángeles, propiedad de Warwick, el “perfecto anfitrión” y a la que llega John, un joven que acaba de atracar un banco y que, herido, intenta escapar del cerco al que le está sometiendo la policía. Son los dos protagonistas de una trama en la que el guión no les da tregua, pocos son los instantes en los que la intriga descansa y Tomnay conduce al espectador por un truculento camino que va desde lo surrealista a lo cómico, atravesando por momentos de agobiante terror psicológico y otros de evidente incredulidad. Lo consigue, además, sin grandes artificios externos, ya que todo el peso descansa en los diálogos, en la interpretación de los dos actores que convencen de que las cosas pueden ser muy distintas a lo que aparentan y que las paredes de una casa son el mejor lugar para esconder quien somos en realidad.

David Hyde Pierce, conocido por su papel de neurótico hermano del protagonista de la serie televisiva Frasier, da vida a Warwick, ese educado vecino y amigo aficionado a agasajar a los invitados con agradables y exquisitas cenas en su cuidada casa. Clayne Crawford, habitual de series como 24 y CSI Nueva York, es John, el invitado a quien nadie espera. El joven accede a la casa de Warwick a través del engaño como último recurso para esconderse de la policía que le pisa los talones y, a través de flashbacks, iremos conociendo las circunstancias que le han llevado a cometer el robo. ¿Qué sucederá durante la larga noche que los dos hombres tienen que compartir encerrados en la casa? Este es el punto de partida de una trama cuya inspiración le llegó a Tomnay a causa de la experiencia de un amigo, que se topo sin saberlo con un criminal. Desde entonces, al director y guionista le obsesionó la idea de saber cómo se comportaría alguien elegante y sofisticado frente a un tipo duro que acaba de robar e irrumpe en su casa; y admite que Roman Polanski con “Callejón sin salida” y “La semilla del diablo” le sirvió de clara inspiración para la historia, así como Andy Warhol para la construcción del “encantador” Warwick.

Y nada más que contar. “El perfecto anfitrión” es de esas películas que giran una y otra vez para rizar aún más el rizo y su disfrute pasa por no conocer demasiado del desarrollo de la trama. Un filme de los que precisan de la colaboración de quienes ya lo han visto para que no “perjudiquen” al que se dispone a verla, porque en la sorpresa radica sin duda lo más atractivo de esta historia.

TEMAS RELACIONADOS: