Rafael Ortega | Domingo 28 de agosto de 2011
Ha pasado ya una semana del final de la Jornada Mundial de la Juventud y muchos seguimos reflexionando sobre la importancia de este evento que reunió en Madrid a casi dos millones de jóvenes. Unas reflexiones que nos llevan a pensar que hay “silencios que molestan” y mucho, porque son una lección para aquellos que no saben escuchar y que solo vociferan sus consignas muy bien planificadas a través de medios afines.
Uno de esos “silencios que molestan” fue para mí el momento cumbre de la vigilia del sábado 20 en Cuatro Vientos, cuando fue colocado el Santísimo Sacramento en la artística custodia de la catedral de Toledo. Hasta ese instante dos millones de jóvenes gritaban y vitoreaban al Papa, pero el “clic” de la Fe en lo que allí se estaba exponiendo funcionó y dos millones de gargantas quedaron mudas durante quince minutos adorando el Cuerpo de Cristo. Fue una lección impartida por esos jóvenes a los que califican, dentro de la juventud de hoy día, como “irresponsable”. Fue un “silencio molesto” para esos que hacen que sus jóvenes vivan en esa irresponsabilidad, porque han cercenado los valores y una educación necesaria. Eran dos millones de almas en silencio que, como dijo Benedicto XVI, “están hambrientos de justicia, son limpios de corazón y amantes de la paz”.
Y estuvieron callados porque como ha dicho también el Cardenal Cañizares “La Iglesia no es una institución correosa ni molesta” y porque también tuvieron que oír al Papa como les recordaba que “España puede progresar sin renunciar a su alma profundamente católica”, y porque como nos decía también Cañizares, al hilo de estas palabras del Pontífice: “Si no es así, España deja de ser España. Cuando uno deja de ser lo que es, todo el mal se cierne sobre uno. La fortaleza está ahí: en recuperar el alma de nuestro pueblo español. Hace poco oí a una persona relevante que decía que España ha dejado de ser católica. De eso nada, la mayoría somos católicos. Lo católico es lo que realmente da un futuro y lo que hace que recobremos el ánimo frente a la adversidad”.
Y adversidades y problemas tenemos y vamos a tener todos los días. Como el conocer que un hospital de Huelva ha sido obligado a quitar la sonda a una enferma, acogiéndose a la ley de muerte digna aprobada hace tiempo en esa comunidad autónoma. Nosotros no nos callamos ante lo que consideramos un gran atropello porque, y volvemos al Papa, “muchos creyéndose dioses, desearían decidir quien es digno de vivir o puede ser sacrificado”.
Esta última visita del Papa a España ha dejado unos importantes posos que habrá que ir analizando poco a poco. Por lo pronto hoy me alegro de que haya “silencios que molestan”.
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