Cultura

La piel que habito: Puro Almodóvar en clave de psico-thriller

crítica de cine

Sábado 03 de septiembre de 2011
Con la esperada cinta estrenada este viernes en nuestro país, el director manchego firma su filme más cercano a la intriga en el sentido clásico, con pistas que se van dejando para el espectador a lo largo de la primera parte del metraje y que empiezan a encajar a la perfección a medida que se acerca el desenlace.

Basada en la novela de Thierry Jonquet titulada “Tarantula”, Pedro Almodóvar construye un relato plagado de “locuras que salen de las entrañas” y que parecen abarcar todo el catálogo conocido de trastornos mentales. Lo cierto es que resultan esenciales para perfilar a unos personajes cuyos particulares recorridos acaban por converger en uno único, magistralmente desvelado en los últimos instantes de la cinta. De hecho, la primera parte, más que una introducción a la trama, constituye una galería de personajes con oscuros pasados irremediablemente destinados a cruzarse entre si hasta coincidir en el inicio de la acción, que es, en realidad, el final de la oscura historia. Podría parecer enrevesado y, sin embargo, en manos de Almodóvar fluye con una natural sencillez tan convincente que da la sensación de que su desarrollo no habría podido ser de otra forma, porque el manejo de los tiempos y las dosis del suspense no es un coctel sencillo de preparar. Cada ingrediente en su justa medida y con un ritmo apropiado de mezcla, igual que la conseguida música compuesta por el premiadísimo Alberto Iglesias. De lo contrario, el fracaso está asegurado.

En este sentido, el propio Almodóvar ha confesado que se trata de la primera vez que ha corrido tantos riesgos, también que nunca antes se había puesto tantas limitaciones. Aún así, no hay secuencia que no lleve marcado a fuego de cámara su característico y genial sello. Es cierto que, a veces, esos especiales elementos de su larga filmografía “chirrían” en determinadas escenas, pero, desde luego, tampoco desvían de la profundidad de la historia que se está contando. Las pasiones, que nunca faltan en la mente de nuestro cineasta más internacional, se retuercen aquí algunos grados más y, a pesar de no haber renunciado a ese sello almodovariano al que hacíamos referencia, en “La piel que habito” llegan incluso a verse despojadas de cualquier atisbo de esperpento para flotar mucho más reales en un ambiente claustrofóbico, aunque asimismo creado para dar el aspecto de constituir un espacio absolutamente verosímil. Especialmente para lo que el protagonista masculino, Robert Ledgard, a quien interpreta un convincente Antonio Banderas, se trae entre manos. Literalmente.

Porque Ledgard es, de hecho, un prestigioso cirujano plástico capaz de moldear más allá de los límites legales y morales la fachada de los seres humanos que acaban en la mesa del quirófano que tiene dentro de su propia finca “El Cigarral”. Con la privacidad de la que sólo gozan los lugares alejados, en mitad de ninguna parte, su mansión hace las veces de lujosa clínica para los pacientes más poderosos y exigentes. Hasta que la tragedia entra en la vida del “mad doctor” y él se deja llevar por dos sentimientos que van a marcar no sólo su vida, si no también la de la otra protagonista de esta original trama de suspense. Una genial Elena Anaya llena los planos más impactantes y, por supuesto, los más bellos, y es la encargada de interpretar a Vera: la única paciente a la que se va a dedicar el doctor cuando la tragedia de la muerte de su esposa, quemada en un accidente de tráfico, le lleva a investigar el modo de conseguir, a través de la transgénesis, una piel mucho más resistente que aquella con la que los humanos salimos de fábrica.

Los dos sentimientos que se unen para despertar la locura que ha permanecido dormida en la mente del médico son la venganza y la obsesión. Ambos se complementan maléficamente para justificar lo injustificable y sólo un poderoso afán de supervivencia que sabe, con gran inteligencia e intuición, camuflarse a través de la creatividad llevada al límite y adaptarse a la terrible situación será capaz de enfrentarse para vencer a la locura. En la pantalla se refleja en el duelo interpretativo de Antonio Banderas y Elena Anaya. Junto a ellos, el joven actor catalán Jan Cornet resulta también claramente imprescindible en su complejo papel. Completan el reparto Marisa Paredes, Blanca Suarez, Barbara Lennie, José Luis Gómez y Eduard Fernández, todos ellos eficaces en las manos del exigente director, que asegura haberse ocupado mucho de conseguir la austeridad en las interpretaciones de su última obra.

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