Opinión

La Sharía en Libia, entre la democracia y una nueva tiranía

Domingo 04 de septiembre de 2011
Recientemente el pensador Pascal Bruckner nos recordaba que: “las víctimas que se convirtieron en verdugos, es un clásico de la Historia”. Un inteligente recordatorio que habría que tener muy presente una vez visto el cariz tomada por la recién celebrada Conferencia de la Paz, la Reconstrucción y Transición Política Libia, organizada por Nicolas Sarkozy en París, quizá con un exceso de autocomplacencia. La opinión pública a escala mundial –salvo excepciones que rozan lo grotesco, como las declaraciones protagonizadas por Chávez en Venezuela-, solo puede congratularse sin reservas de la caída del régimen tiránico del coronel Gadafi que chantajeó a las democracias occidentales, ejecutó actos terroristas infames fuera de su territorio y expolió, torturó y se llenó las manos de sangre con todo tipo de crímenes para aplastar sin compasión a su propio pueblo. Si algo podemos reprocharnos es que una tiranía tan feroz haya durado demasiado tiempo y que el sátrapa fue halagado por líderes democráticos europeos en excesivas ocasiones. No cabe, pues, la menor sombra de duda de que las víctimas del déspota se han sublevado legítimamente contra una opresión intolerable, contando con una reacción europea tardía y posiblemente no todo lo enérgica que cabría esperar.

Pero todos estos acontecimientos se han convertido velozmente en pasado tras la Conferencia de Paz de París. La primera consideración que deberían tener en cuenta los mandatarios occidentales allí reunidos sería la de no repetir los errores del pasado. Y las informaciones que llegan desde el terreno comienzan a indicar que quizá esto no sea así. Periodistas de todos los rincones del mundo destacados en Trípoli han comenzado a remitir informaciones cuando menos preocupantes. El ejército rebelde ha entrado a sangre y fuego en áreas civiles, dejando sembradas las calles de personas ejecutadas fríamente. Los sublevados han respondido mecánicamente que en todos los casos se trataba de mercenarios de Gadafi, cuando muchos de esos fusilamientos tenían todo el cariz de venganzas salvajes: personal civil o cautivos atados de pies y manos que no pasaron a centros de detención donde enjuiciarlos, sino que fueron directamente ajusticiados en la vía pública. Es posible que alguien justifique estos hechos por el caos de los combates, pero es inevitable que la sombra de la reflexión de Bruckner empiece a cernirse sobre tales hechos brutales, apuntando al riesgo de que las antiguas víctimas pasen a ejercer ahora de verdugos.

Nos llegan informaciones aún más preocupantes. Las milicias islámicas han sido determinantes en la acción bélica de los rebeldes, comandados por yihadistas forjados en la guerra de Afganistán contra la Unión Soviética. El propio cuartel general de Gadafi fue tomado por fundamentalistas islámicos dirigidos por Abdul Hakim Belhaq –ahora jefe militar de Trípoli- escoltad por mandos ex presos de Guantámano vinculados a Al Qaida que salieron de la cárcel antes de la sublevación y que ahora ocuparán puestos relevantes en la nueva Administración.

En consonancia con todo ello ya se ha avanzado la decisión de crear un régimen islámico en la nueva Libia, fundamentado en la Sharía, que el presidente del Consejo Nacional de Transición considera la fuente jurídica del nuevo régimen libio por construir. La ya irreversible creación de un Estado islámico sustentado en la Sharía –ley musulmana emanada del Corán-, debería ser motivo de meditación política más seria por las autoridades democráticas que han apoyado a los rebeldes. Su compatibilidad con la democracia está sometida a fuertes controversias. De hecho, la Sharía admite amplios márgenes de interpretación, algunas de las cuales la hacen compatible con la existencia de partidos y un sistema electoral. Pero, simultáneamente, las interpretaciones integristas la convierten en una ley islámica teocéntrica incompatible con la democracia, donde se reconocen las ofensas hadd, castigadas con azotes públicos, lapidaciones o amputaciones de manos, así como el sometimiento estricto de la mujer y el poder omnímodo de padres y esposos hasta límites intolerables.

¿Cuál de las dos interpretaciones de la Sharía se impondrá en el nuevo régimen islámico libio que Europa está ayudando a construir? En la Conferencia de Paz de París hubo abundantes parabienes, se habló de capital a invertir y de empresas para exportar petróleo. Pero la ciudadanía europea debe exigir que estén más claras las premisas de modernización y tolerancia democrática del nuevo régimen. De imponerse los islamistas radicales, Europa habría repetido el mismo error que con Gadafi, colaborando con un peligroso sistema dictatorial, y no parece que se esté haciendo nada para evitarlo. Se cumpliría así, por ley, el axioma de Pascal Bruckner según el cual las víctimas tienden a convertirse en verdugos. En su opinión, se trata de una “ley de hierro”. En las manos políticas de Europa está el contribuir decididamente a que esa ley de hierro se rompa.



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