Luis María ANSON | Martes 06 de septiembre de 2011
Una indiscreción del líder de CC.OO. ha confirmado la existencia de la carta del malvado Trichet, reclamada por Rajoy sin éxito en el Congreso de los Diputados. Zapatero la recibió en los primeros días de agosto y, consciente de lo que se podía venir encima, habló con Rajoy para allanar el camino de la reforma constitucional y con los líderes sindicales para que no se opusieran a las medidas laborales.
Es verdad que estamos de hinojos ante Alemania, como Grecia, Portugal e Italia. Los alemanes son los que han pagado los despilfarros de los países periféricos y han dicho que se acabaron las bromas. Quieren que las naciones beneficiadas establezcan constitucionalmente un límite al déficit y a la deuda. Exigen, además, una reforma laboral que devuelva a los ciudadanos de los países manirrotos a la realidad. No pueden seguir viviendo por encima del 30% de sus posibilidades.
Zapatero ha puesto los pies en tierra firme y, a pesar de que está haciendo lo contrario de lo que siempre ha afirmado, se ha dado cuenta de que no son posibles ni más engaños ni más largas. Ha afrontado la situación, con precipitación y de forma chapucera, pero ha acertado en la buena dirección. Seguimos sobre el filo de la navaja cachicuerna y en cualquier momento se puede producir un zarandeo que nos precipite en el abismo de la intervención y el rescate. Pero se están tomando las medidas adecuadas para calmar al león germano y superar la angustia de la situación actual.
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