Opinión

El Tribunal Constitucional alemán y la supervivencia europea

Jueves 08 de septiembre de 2011
El Tribunal Constitucional alemán pronunció ayer una sentencia sobre los fondos de rescate que debe movilizar el Gobierno de Ángela Merkel que implica a la vez un respiro de alivio y, simultáneamente, una futura amenaza más en la actual crisis europea. El alivio se produce gracias a que el Alto Tribunal germano ha desestimado una demanda que veía como anticonstitucionales los planes de rescate a países europeos en bancarrota. Como informaba ayer este periódico, la temida sentencia ha considerado que las ayudas a Grecia y los fondos empleados por Alemania para recuperar las economías de otros países de la eurozona son legítimos y constitucionales.

Esto aplaca temporalmente la tormenta financiera que habría sacudido la Europa del euro, de consecuencias incalculables, si el fallo se hubiese decantado en sentido contrario. Las buenas noticias acaban, sin embargo, ahí. El Tribunal Constitucional de Alemania ha sentenciado también que asumir deudas de otros países no puede ser una competencia exclusiva del Gobierno alemán, sino que tiene que estar avalada al menos por la Comisión Presupuestaria del Bundestag, lo que amenaza con desencadenar posibles graves problemas en el futuro. El Gobierno presidido por Ángela Merkel no tiene un apoyo firme en los parlamentarios que lo sostienen. La inquietud en los partidos de la derecha germana no hace más que incrementarse con los sucesivos reveses electorales que viene sufriendo en las elecciones regionales, el último de ellos en el propio feudo electoral de Merkel, el Estado federado de Meckelemburgo, su región de origen y donde esta misma semana obtuvo cinco puntos menos que en la elección anterior, con un 23% de los votos frente a los socialdemócratas de SPD que se alzaron con el 36 % de las papeletas.

En el descontento inciden múltiples factores. Uno de los más evidentes es la creciente opinión del electoral hostil a que sus ahorros se empleen en pagar las cuentas de otros países que no han administrado bien –o, simplemente, han actuado con notoria irresponsabilidad.- sus economías. Muchos ciudadanos ven con serias reticencias que sus ahorros e impuestos sufraguen incompetencias o insensateces de otros. Obviamente, el sentido de Estado indica que peores consecuencias tendría para la propia Alemania la quiebra del euro. En este cruce de líneas, el Gobierno alemán no tiene asegurado un apoyo incondicional y suficiente en el Parlamento para futuros planes de rescate, lo que introduce un factor más de incertidumbre. Combinar los intereses de la Unión Europea (UE) con los intereses del ciudadano alemán pasa por asegurarse de que los países ayudados ofrezcan garantías de que devolverán el dinero que toman prestado. En algunos sectores de los países en riesgo de la zona euro se está desatando una irresponsabilidad más que se suma a las pasadas incompetencias en la gestión económica: la de agitar una demagogia nacionalista contra la canciller alemana porque pide garantías. Si alguien no quiere que le soliciten garantías, que no pida dinero. Es fácil tomar dinero prestado y no prever cómo devolverlo. Tan fácil como suicida, por muchas arrogancias camufladas de patriotismo que se esgriman.

En estas circunstancias es vital una cohesión europea, donde los países de la zona euro rectifiquen sus políticas, se sacrifiquen y ofrezcan garantías de hacer reformas en profundidad y de poder devolver el dinero que reciben prestado. Solo así el Parlamento germano podrá contribuir, sin reticencias de sus ciudadanos, al rescate de otros países de la UE y salir reforzados económica y políticamente del difícil reto que afrontamos.

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