Marcos Marín Amezcua | Sábado 10 de septiembre de 2011
Externo una opinión distinta. Tras de diez años de la tragedia del ataque al WTC de Nueva York ¿los Estados Unidos son menos soberbios? Acierta usted si me dice que es una pregunta ruda, áspera, cruda y directa, formulada a quemarropa, sin cortapisas y sin ambages ni miramientos, sin admitir dobleces ni silencios por respuesta. Pero es menester proferirla. ¿Qué me dice? ¿Sirvió de algo la década transcurrida desde los atentados de 2001? y es que…antes que condolernos, primero reflexionemos con sensatez y elocuencia. Prosigo.
Empecemos, pues. Fue indescriptible el estupor que me causó ver aquellas dramáticas escenas en las que caían una a una, las Torres Gemelas de Nueva York; portento que me quedé sin conocer y que todos aquellos que sí las ascendieron hasta su cima, me las describieron, admirados; y recordando su desplome apabullante aquella mañana septembrina del año uno, me evocan lo que me pregunté entonces: ¿cómo explicaremos al mundo del futuro que unos terroristas derribaron esas moles, iconos del capitalismo estadounidense? Las inauguró de forma triunfalista y rampante en 1973 –posicionándolas como su mejor despliegue de poderío y solidez – y las vio abatidas en 2001. Tremendo.
Diez años después mi pregunta es otra ¿por qué? porque entre aquella catástrofe de 2001 y el año 2011, el mundo cambió de una manera vertiginosa e impredecible. Ni siquiera lo balbucearon ni bosquejaron en el cambio de siglo o de milenio, las mentes más pesimistas o las más preclaras –sensatas donde las haya– aventuradas cual heraldos del futuro. No. El mundo de hoy, es otro.
El atentado a las Torres Gemelas modificó de manera radical el horizonte de Manhattan, eclipsando el recuerdo del otro 11 de septiembre, el de Pinochet.
Desde luego, si es que se pretende ser serio, de ninguna manera puede verse el atentado comparándolo con Pearl Harbour –no confundamos churros con meninas, por favor– ni presentarse como mera casualidad; o como una infausta consecuencia de una simple y llana ociosidad de gentuza que va por la vida sin oficio ni beneficio, estrellando aviones. Debe presentarse como lo que fue: como parte integral de una descarnada lucha por el poder mundial y que fue un bofetón, un reto a la altanería estadounidense, de múltiples formas manifiesta durante décadas. Nada más, pero nada menos. Y así de claro dígase.
Triste pero cierto: el ataque no fue gratuito y no lo explican las dolientes y embusteras palabras de George W. Bush al congreso de su país, señalando cariacontecido, que el atentado obedeció a que los envidiaban. Mentira. ¿Acaso olvidamos la historia de los EE.UU. por el mundo? Conviene no hacerlo o perderemos el camino y el motivo que nos mueve a una reflexión importante, reclamante, profunda y objetiva. Los terroristas no actúan a capricho, sino con denuedo y planeación. No por envidia. Actúan bajo el miserable odio que les provoca algo. Así, a ciertos grupos no les interesaba defender ni caravanear los intereses de Washington y lo dejaron ver aquella abominable mañana en que murieron además, tantos inocentes. Aquel día, EE.UU. pagó muy caro ser la única superpotencia. Pero ¿aprendieron algo?
Bush mintió como en otras tantas cosas, al decir que fueron atacados por ser envidiados. Solo alguien con mucha cara y poca vergüenza podría decirlo. Y lo dijo. ¿Aprendieron algo? Recuerdo que muy pronto alguien dijo que los neoyorquinos ya eran menos soberbios y más amables. Algo es algo supongo, pero sonó peripatético decirlo y resultó ser muy ilustrativo y asaz bochornoso.
Pero…tras las invasiones a Afganistán e Iraq, efectuadas bajo la prepotencia estadounidense con su cauda de abusos indecibles, Guantánamos y Abu Ghraibs incluidos –que se callan las calificadoras de derechos humanos de ese país, vergonzosamente– ¿el mundo es más seguro interviniendo las comunicaciones privadas de todos? ¿estamos más seguros tras de que los EE.UU. lograron arrancar condenas al terrorismo, en cuanta conferencia mundial se realizó?¿ganaron algo real Afganistán e Iraq?¿quién paga los atentados en Turquía, Londres, Atocha, relacionados con el fundamentalismo islámico, exacerbado tras de las incursiones estadounidenses, so pretexto de atrapar a Bin Laden? ¿eran éticos los festejos de los estadounidenses al matarlo? ¿se les olvidó la carta que les dirigió García Márquez diciéndoles en 2001 –parafraseándolo–:“¿qué se siente que les toque vivir a ustedes lo que ustedes han hecho por el mundo?”? Más preguntas que respuestas.
Hace diez años nadie hubiera imaginado que China le estaba pisando los talones a los Estados Unidos y que llamarlos decadentes, jamás hubiera estado ni tan cerca de ser cierto ni tan demostrado de forma tan evidente, sin posible marcha atrás. Su declive cercano se intuye, se anticipa, acaso se percibe. Apenas pasaron diez años. Apenas diez.¿El declive empezó en 2001? Quizás aquella caída del WTC era similar a la de un telón que al caer sobre el escenario, cerrara el llamado “siglo americano”, cancelando una era y abriendo la incertidumbre a otra en la que aún vivimos, no exentos de zozobra.
México no secundó las posteriores iniciativas de EE.UU. para crear unas fuerzas de protección en América del Norte –lideradas por ellos– para, dijeron, combatir al terrorismo. Canadá tampoco aceptó. Para el caso mexicano, mi gobierno entendió que no era nuestra guerra ni México tenía facturas que le cobraran en Oriente Medio. Miente quien sostenga que sí. Recibió muchas presiones, incluso cabildeos de Aznar, más por fortuna y hasta hoy pese a todo, nos libramos de más de una, al no comprar pleito ajeno. Me congratulo.
Por último, cabe recordar en este aniversario que el atentado de Nueva York canceló un posible acuerdo migratorio entre México y los EE.UU. y acaso con él, ambos países se hubieran ahorrado tantos sinsabores. Ello se debió a que fue vulnerada la seguridad de EE.UU. El 11-S les hizo sospechar de su insegura frontera sur por la que detienen ilegales pobres, pero se les cuela el narcotráfico rico (inexplicable, sí, siendo la misma frontera). El 11-S, mirando a México, arquearon la ceja, sospechando, viéndolo con su ojo no amoratado, cual si México hubiera sido el introductor de la muerte. Sépase: los terroristas que actuaron aquella mañana soleada de septiembre de 2001 entraron con papeles, por Canadá. Así es la vida, así se trama la Historia y vale la pena que nunca lo callemos para que no se nos olvide. Así pues, salvado nuestro honor, y sin más, que los muertos entierren a sus muertos y pasemos hoja. Es cuanto.
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