CRÍTICA
Domingo 11 de septiembre de 2011
Paul Preston: El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después. Traducción de Catalina Martínez Muñoz y Eugenia Vázquez Nacarino. Debate. Barcelona, 2011. 859 páginas. 29’90 €
En la última década, la historiografía sobre la España de los años treinta ha sufrido un preocupante proceso de polarización, en el que los trabajos ponderados y no politizados resultan cada vez más excepcionales. Una excelente muestra reciente de estudio que se escapa de esta peligrosa e insufrible tendencia es Palabras como puños. La intransigencia política en la Segunda República española, que ha dirigido Fernando del Rey. No abundan, sin embargo, los libros de este estilo. Los poderosos imanes del polo piomoísta, a derecha, y del polo fontanista, a izquierda, con Francisco Espinosa Maestre como avanzado peón, marcan las tendencias y actúan inquisitorialmente contra todos aquellos que se resisten a seguir pensando y analizando este período en una clave exclusivamente histórica. El enfrentamiento fratricida de la década de 1930 es reproducido en libros y artículos, a principios de este siglo, como batalla de papel. La historia “comprometida”, “al servicio de” o “como arma de” es, sin embargo, la peor enemiga de la Historia y del oficio de historiador.
Paul Preston, en su último libro, El holocausto español. Odio y exterminio en la Guerra Civil y después, se ha dejado llevar un poco, me parece, por este ambiente historiográfico enrarecido. El historiador británico es autor de un gran número de trabajos sobre la España contemporánea, algunos de los cuales se han convertido, por méritos propios, en obras de referencia indispensable: desde La destrucción de la democracia en España (1978) hasta Las tres Españas del 36 (1998) e Idealistas bajo las balas (2007), pasando por sus interesantes biografías dedicadas al general Franco (Franco, Caudillo de España, 1986) y al actual Monarca español (Juan Carlos. El rey de un pueblo, 2003). Es, sin ninguna duda, uno de los “hispanistas” más importantes en activo, aunque este término, como aseguran autores como Raymond Carr o John H. Elliott, carezca ya de sentido en el estado presente de desarrollo de la historiografía española. Los años de la Segunda República y de la Guerra Civil han concentrado, en especial, su atención como historiador. A los libros citados más arriba y a algunos otros, añade ahora El holocausto español, en el que se propone la ingente tarea de reconstruir minuciosamente los odios, las violencias y la represión en los años del conflicto fratricida y en los inmediatos de la posguerra (la guerra de finales de los años treinta no termina realmente, como bien muestra el autor, en abril de 1939).
Preston parte de las cifras, levemente retocadas, de 150.000 víctimas en el bando republicano y 50.000 en el otro, basándose sobre todo en los trabajos, respectivamente, del ya citado Espinosa y de José Luis Ledesma, reunidos en un desigual volumen titulado Violencia roja y azul. España, 1936-1950 (2010). No le interesan, sin embargo, los números fríos. Prefiere los relatos, esto es, las “historias individuales de hombres, mujeres y niños de los dos bandos”. Este es, a fin de cuentas, el gran mérito del libro, que consta de media docena de partes y trece capítulos. En la primera parte se tratan los años 1931-1936, a la búsqueda de los orígenes del odio y de la violencia. El capítulo sobre los teóricos del exterminio, muy interesante, no se acompaña, sin embargo, sorprendente e incomprensiblemente, de otro en el que se analice a los ideólogos de la izquierda. La segunda parte y la tercera abordan la violencia en los dos campos después de julio de 1936: los terrores de Queipo de Llano y Mola, a un lado, y el terror revolucionario, en el otro. La cuarta está dedicada a Madrid, con el avance de la llamada “columna de la muerte” y las matanzas de Paracuellos –el capítulo dedicado a este último hecho es de notable interés e impugna la versión mantenida hasta hoy por Santiago Carrillo. Los distintos conceptos de la guerra de republicanos y franquistas son tratados en el quinto bloque y la represión de la posguerra en el sexto.
El título es desafortunado. “Holocausto” indica, al margen de su definición estricta en los diccionarios, una preocupante “germanización” de la Guerra Civil española –tan molesta como la “argentinización” de las referencias a la represión, que otros autores están utilizando en pleno festival “memorialístico”. La situación alemana y la española eran muy distintas. Hablar de “holocausto” -o de “gulag”, tanto monta, monta tanto, como ha hecho Helen Graham- no resulta ni necesario ni justificado. El grosor de la palabra utilizada no lo convierte en peor. Ocurre lo mismo que cuando se utiliza el término “fascismo” para calificar al franquismo, como si esta opción aumentara la dimensión violenta del régimen o ennegreciera la calificación moral. El rigor terminológico es fundamental y, en este caso, el uso del término “holocausto” no asegura una mejor comprensión del objeto estudiado, sino más bien lo contrario. Introduce, sobre todo, confusión.
Asimismo, algunas sensibles diferencias que afloran, en ocasiones, en el tratamiento de los dos campos –la violencia, escribe Preston, “en la zona republicana venía desde abajo, en la zona rebelde venía desde arriba”- no ayudan tampoco a una perspectiva serena, tan indispensable como recomendable a la hora de abordar cuestiones sensibles como la Guerra Civil española y sus consecuencias. No me parece suficientemente demostrado, pongamos por caso, que “de no haber saltado por los aires las normas básicas de la coexistencia social a raíz del golpe militar, la violencia en la retaguardia republicana jamás habría tenido lugar”; o, en otro ejemplo, tampoco resulta convincente afirmar que las intenciones de los socialistas en 1934 “eran limitadas y defensivas”. En cualquier caso, Paul Preston ha escrito un libro documentadísimo y de gran interés sobre aquellos años en los que, como apuntó brillantemente el escritor y periodista sevillano Manuel Chaves Nogales en el prólogo de A sangre y fuego. Héroes, bestias y mártires de España (1937) –recientemente reeditado por Libros del Asteroide-, la estupidez y la crueldad se enseñorearon de España. La Guerra Civil de 1936-1939, sobre la que se ha publicado tanto –también en la Transición democrática, aunque les duela a algunos historiadores y memorialistas profesionales-, acumula una nueva obra. Tendrá, sin duda alguna, una buena recepción y va a convertirse en un libro de indispensable consulta. Lástima, como he escrito más arriba, que en demasiados momentos Paul Preston se deje influenciar por el insano ambiente historiográfico “guerracivilista” actual.
Por Jordi Canal
TEMAS RELACIONADOS: