Opinión

El Sr. Noda, ¿otro primer ministro de rotación?

Hidehito Higashitani | Lunes 12 de septiembre de 2011
Hacia la primera semana del pasado mes de agosto, hablando en estas columnas de la actual situación política japonesa, expresé mi irritación acerca de la postura del entonces primer ministro Kan que se agarraba al poder y que no lo dejaba por nada del mundo a pesar de la fuerte voz de protesta que le pedía al unísono su pronta dimisión. Y a finales de agosto, Kan por fin, y por fortuna para nosotros, anunció su dimisión tan deseada no sólo por los partido de la oposición sino incluso por no pocos afiliados de su propio partido. Ya ahora estando a mediados de mes de septiembre, tenemos a Yoshihiko Noda de 54 años como sucesor de aquel premier tan duramente criticado.

Toda la prensa extranjera, para explicar la principal causa del fracaso del gobierno de Kan, ahora apunta unánimemente la mala gestión en el proceso de reconstrucción del país después del desastre sísmico y por la falta de un programa sólido para enfrentarse con decisión ante la crisis nuclear de Fulushima. Pero desde el punto de vista de un ciudadano medio como yo, el desgaste y la impopularidad del gobierno de Kan habían comenzado ya mucho antes del desastre del terremoto con la consiguiente crisis nuclear de Fukushima y el gobierno estaba ya prácticamente en fase de descomposición en marzo cuando ocurrió el desastre, que en realidad no hizo más que prolongar inútilmente la vida del gobierno, favorecido por la necesidad de mantener la continuidad del poder ejecutivo para poner medidas urgentes para el caso. Tanto es así que yo diría que si no hubiera ocurrido aquel desastre sísmico en marzo, Kan habría tenido que poner el punto final a su mandato en el mismo mes de marzo sin poder contar con la confianza del pueblo. La verdad es que la causa de su impopularidad estaba originada principalmente por el escándalo de donaciones sospechosas, por su falta de liderazgo y por la escasísima efectividad de los programas de corte idealista presentados por el partido para las elecciones generales de hace dos años.

Pues bien, ahora el nuevo primer ministro Noda tendrá que afrontarse con una serie de problemas a solucionar: Reducir la enorme deuda pública que ya dobla el producto interno bruto, subsanar la persistente tendencia deflacionista, frenar el continuo fortalecimiento del yen y revitalizar la demanda doméstica, aparte, por supuesto, del control de las fugas radiactivas en la central de Fukushima y la reconstrucción de la zona afecta por el tsunami.

Mientras tanto, sigue la inestabilidad política. Ahora con el nombramiento de Noda como jefe del ejecutivo, ya tenemos tres primeros ministros en estos dos últimos años. La verdad es que ya poco queda de aquellas promesas de carácter algo utópico que habían llevado al poder al Partido Democrático Japonés hace dos años y la continua rotación de primeros ministros no hace más que aumentar la desconfiaza de los países aliados.

La edición del 5 de septiembre de New York Times se lamenta con un tono irónico de este desfile continuo de primeros ministros llamándolo “Japan’s revolving-door prime ministers” (primeros ministros japoneses de puerta giratoria), y añade que “el gobierno de Washington está ya cansado de tratar con los primeros ministros japoneses que aparecen y desaparecen por la puerta giratoria”.

Según las encuestas realizadas hace una semana por los principales periódicos de Tokio, el índice de popularidad del nuevo gobierno de Noda arroja la cifra de más de 50% de apoyo en comparación con el 10% del anterior gobierno de Kan en su última fase de agonía. Claro, -dirían las malas lenguas- después de un gobierno tan impopular como el anterior, cualquier nuevo gobierno nos parecerá de perlas.
Decía el Padre Baltasar Gracián con acierto: ‘Huiga de entrar a llenar grandes vacíos’, frase con que nos aconseja ‘no suceder puestos vacantes dejados por grandes hombres’. Parece el alto índice de apoyo popular indica que Noda ha sabido aprovechar convenientemente aquella enseñanza del jesuita aragonés, pero en el sentido inverso, llenando una vacante dajada por un hombre de poca valía política.
Pero recuérdese que el anterior ministro Kan, cuando tomó la rienda del gobierno hace un año, contaba con el apoyo popular algo superior al 60%. Veremos lo que va a pasar esta vez al nuevo primer ministro.

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