Martes 13 de septiembre de 2011
Rubalcaba hablaba ayer –y lo hacía con propósito y buen sentido- en calidad de ex ministro del Interior para referirse a un hipotético final de ETA. Dicho final sería “paulatino” y, para que se produzca, habría que conducirse con “calma y firmeza”. La banda terrorista no mata desde hace más de dos años. En ese plazo de tiempo tampoco se ha llevado a cabo secuestro alguno, y los actos de kale borroka son cada vez más esporádicos. Una excelente noticia, que certifica la debilidad de ETA, aunque no su voluntad de dejar las armas. De haberlo querido, ya lo habría hecho, y eso es algo que conviene tener muy presente,
Como también que el tempo de la campaña electoral en ciernes deben marcarlo las fuerzas políticas democráticas, y no los terroristas ni sus acólitos. Por fortuna –y por el buen hacer de todos en este aspecto- el terrorismo ya no es uno de los asuntos que más preocupaban a los españoles. Economía, paro, justicia y solidaridad entre autonomías ocupan ahora ese lugar. Bueno es, por tanto, que sigan haciéndolo. No sólo porque dichas cuestiones son prioritarias en este momento, sino porque su preeminencia margina de la agenda política -o, al menos debería- a algo que parece empezar a extinguirse. PP, PSOE y el resto de partidos que concurran a las próximas elecciones no deben caer, pues, en la estrategia de una ETA que seguramente intente acaparar su cuota de protagonismo para colocar a los suyos en el Parlamento. Cuanto más aislado esté el entorno terrorista, antes llegará su fin.
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