Jueves 15 de septiembre de 2011
La sesión de control parlamentario al Gobierno de ayer miércoles estuvo marcada por la economía, como no podía se de otro modo, aunque también hubo tiempo para echar la vista atrás. Esta parece una constante en el grupo socialista de un tiempo a esta parte, pues si anteayer era Rubalcaba quien decía que el tema de las cajas de ahorros debió haberse abordado de manera diferente hace ahora un año, ayer fue Zapatero quien tuvo su momento revival. Preguntado por Esquerra sobre unas palabras suyas en 2004, cuando dijo que “el proyecto de España plural del PSOE resultaría atractivo incluso a los separatistas”, el aún Presidente sorprendió con un demoledor alegato de sentido común: “sí, pero ante todo España”.
Ya lo dijo en una ocasión Miquel Roca, acusado de decir una cosa un día y otra diferente al día siguiente: “no pretenderá que deba hacerme dueño de mis palabras en función de las hemerotecas”. Ese ha sido precisamente uno de los problemas de la clase política española o, al menos, de una buena parte. Zapatero lanzó en su momento cantos de sirena a los secesionsitas catalanes para atraer hacia sí sus votos para aislar y expulsar al PP del sistema, lo cual es cuestión de naturaleza bien distinta y que difícilmente puede compartirse. Tarde se da cuenta de su error. Resulta de todo punto imposible gobernar España con quien no cree en España. Durante sus casi ocho años en el poder, José Luis Rodríguez Zapatero ha optado por un socio constituyente contra natura, el nacionalismo, en detrimento del socio constituyente natural en materias de estado, el PP.
Los resultados, a la vista están. Si la política económica llevada a cabo por este Gobierno puede calificarse de nefasta, en materia de cohesión interterritorial y solidaridad fiscal la nota es aún peor. Un exceso de sectarismo por parte de los socialistas ha conducido a un nivel de crispación como pocas veces se había visto, donde el objetivo era aislar al PP a toda costa. De haber hecho uso de ese sentido común que tan tardíamente mostró ayer el señor Zapatero, quizá las cosas estarían ahora un poco mejor. Que tome buena nota su sucesor.
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