José Antonio Ruiz | Viernes 16 de septiembre de 2011
Sumidos como estamos en el desconcierto de un mundo que parece abocado al cataclismo, confieso que la única noticia capaz de levantar el ánimo alicaído de este cronista, incapaz de reconocerse ni en la piel almodovariana que habita, ha sido el anuncio del esperado regreso de James Bond a Estambul, aunque la top israelí Tal Berkovich no pueda volver a pasear por la pasarela turca sus hechuras de diosa griega porque Erdogan le ha puesto la proa.
Que con la que está cayendo, Bono, emulando al cantante de U2, haya vuelto a dar el cante de las minas porque no está por la labor de acceder al antojo de Manuel Marín, que prefiere que le hagan una fotografía en lugar de la tradicional pintura-retrato oficial con la que se inmortaliza la vanidad de los ex presidentes del Congreso…, es como para mandarlos a ambos al fotomatón de la esquina de Gran Vía con Montera o mismamente a tomar por el saco.
Mira por donde, casualmente la última provocación de don José que ha trascendido ha venido a coincidir en el tiempo con la localización, en un almacén polaco, de los restos del famoso dinosaurio mongol, el mismo que tanto debió quererse a sí mismo que acabó enterrado en su propia huella. A lo que se ve, la historia, cíclica como el reloj chopard de un mapuche de La Araucanía, lleva camino de reeditarse pero en tecnicolor.
Después de esto, comprenderán que no me haya inmutado al escuchar decir a uno de los validos de Rubalcaba, el diputado redicho Antonio Hernando, que «mientras nuestros fundadores fueron obreros, tipógrafos e intelectuales, los del PP fueron ex ministros de Franco». Estos aprendices de Godoys, reencarnaciones tardías y chusqueras del Conde-Duque de Olivares, el Caballerizo Mayor de Felipe IV que pintó Velázquez, ya no saben qué hacer para agradar a su señorito. Si al menos fueran gente ilustrada y estuvieran en los cabales de una persona sensata, sabrían que no ha habido ningún valido en la tortuosa historia del predio ibérico que no haya tenido el mismo peor final posible: la pérdida de la confianza del Rey y su expulsión a las tinieblas exteriores.
Pero ya veo que me estoy dispersando antes de empezar, como de costumbre, cuando de lo quería escribir hoy no era de las musas del PP que a punto están de desbancar del trono a Norma Duval, sino del teniente general radiofonista Queipo de Llano, el Virrey de Andalucía hasta el feliz alumbramiento de don Manolo Chaves. Por un instante me ha venido a la memoria la imagen desvaída del seminarista de Tordesillas de quien tan mal recuerdo tiene la familia Luca de Tena, tras presenciar la puesta en escena, en el Ateneo de Madrid, del Manifiesto en pro de una enseñanza pública de calidad, en contra de la ampliación de la jornada lectiva de los profesores, y de paso en contra de Esperanza Aguirre, que no sé si se lo hace sin querer o porque le va la marcha por el simple placer de soliviantar a las huestes del cortijo de Ferraz. El caso es que la Condesa consorte de Murillo está que fuma en pipa con el ministro Gabilondo (que de Ángel tiene bien poco) por intentar indisponerle en su contra al cuerpo docente.
Se me han quitado las ganas de ser periodista después de ver el numerito de claqué montado por el autodenominado periodista y además poeta José Lostalé (en su casa lo conocerán), por Almudena Grandes, la escritora que en tal alta consideración se tiene a sí misma, y por Luis García Montero, que aunque estudió en los Escolapios de Granada tiene a bien ser comunista confeso por la gracia de Dios.
El bando lo firman ciento treinta y tantos artistas e intelectuales, muchos de los cuales no son ni lo uno ni lo otro aunque se tiren el moco. No es el caso de mi admirado Sabina, cuyo talento le exculpa de todas estas piruetas circenses a las que suele ser tan propenso cada vez que se le va la olla. La fascinación que siente por él el abajo firmante le inhabilita para ser parcial, razón por la cual me inhibo.
De doña Pilar Bardem, la Visitación de La Regenta, permítanme que haga un respetuoso mutis para expresar lo que pienso a través de una paráfrasis elíptica, porque debo reconocer que no es mi tipo. Puestos a elegir, prefiero a Lucía Figar, a Scarllett Johansson, o inclusive a La Cospedal, la misma a la que Joaquín, el muy jodío, ha bautizado, a falta de río Jordán, en el Manzanares, a la altura del Vicente Calderón, como «la señora con mantilla del Corpus de Toledo». Claro que en esto de las leyendas urbanas ha dejado de tener sentido el empeño de los rojos por presumir de descamisados, pues a la nueva primera ministra danesa, la socialdemócrata Helle Thorning-Schmidt, alias chica Gucci, pocas mandamasas le ganan a pija.
Lo triste no es que la izquierda progre presuma ante la derechona retrógrada y antediluviana, liderada por un Rajoy que ni siente ni padece, de contar con la adhesión inquebrantable de la intelectualidad orgánica. Lo abracadabrante es que aquellos que se auto-denominan intelectuales estén tan obsesionados con alinearse con una determinada ideología política, o sea, con escribir, cantar o hacer el pino con el carnet en la boca, como el diputado esquerr-ano de triste recuerdo que se saltó la verja (lo mismo creía que estaba en el Rocío) y se le zambulló en la piscina mallorquina a Pedro Jota.
Poco se puede esperar de una corrala donde por obra y gracia del benefactor de los pobres, un tal Alfredo Pérez «Rubalcaca» (según la presunta errata del libelo socialista Público), se ha declarado la caza de brujas a los ricos. Poco se puede esperar de una conejera donde el presidente cesante tiene la desfachatez de anunciar que ya tiene claro a lo que va a dedicar el tiempo libre en cuanto se jubile. El muy superferolítico, por una vez va a concentrarse en algo para lo que sin duda alguna se encuentra, con holgura, capacitado: «supervisor de nubes, acostado en una hamaca, mirando al cielo». Me quedo tranquilo, pues por un instante he llegado a temer por la tan sensible pérdida que supondría la emigración al extranjero de una eminencia como Zapatero. No está el país para fuga de capitales ni mucho menos de cerebros.
Pero no quisiera despedirme sin enviar un saludo a uno de los lectores que ha tenido a bien remitirme un correo electrónico después de leer la columna de la semana pasada (CAT: la dictadura consentida). Reproduzco el mensaje de Adrià Marull en su literalidad: «T’ha passat la diarrea? Supures odi, sóu pitjors que els hutus».
Querido Adrià, aunque no lo creas, agradezco mucho tu misiva. En esta España desahuciada nuestra, a pesar de sus taras, afortunadamente existe (todavía) la libertad de expresión, sin distingos idiomáticos ni miedos infundados a viejos fantasmas que por empeño de algunos caudillos indigenistas vuelven a hacerse presentes. Y como no soy rencoroso ni acostumbro a tomar disgustos innecesarios, ni se me ocurre replicarte como lo haría Cristiano Ronaldo: me tienen envidia los tiñosos porque soy rico, un crack y guapo.
Créeme si te digo que aunque soy colchonero, o sea, perdedor por convicción, y más que español me siento ciudadano del mundo aunque suene cursi de cojones, no me duelen prendas en gritar Visca el Barça y Visca Catalunya. Pero una Cataluña en paz consigo misma, no la Catalonia excluyente y totalitaria de los politicastros que viven a costa de la matraca del nacionalismo cavernario y del seguidismo borreguil de sus incondicionales, incapaces de discernir entre el marasmo de demagogos que les venden la moto averiada de la Cataluña agraviada y desposeída.
Querido Adrià, haga como yo: no se meta en política.
TEMAS RELACIONADOS: